Mi follada salvaje en la escala del aeropuerto

Estaba en esa sala de espera eterna, Madrid-Barajas, olor a café quemado flotando en el aire. Mi vuelo a Bogotá retrasado tres horas. Sudor pegajoso bajo la blusa, el aire acondicionado helado erizándome la piel. Me pedí un gin-tonic en el bar, para matar el tiempo. Anuncios de vuelos retumbando: ‘Pasajeros a París, puerta 15…’. Tac-tac, como un reloj loco marcando la espera.

Lo vi de reojo. Alto, moreno, ojos que taladraban. Traje arrugado, maleta a los pies. Me miró fijo, sonrisa ladeada. Yo, con mis 32, tetas firmes y culo prieto de tanto gym, le devolví la mirada. ¿Por qué no? Escala anónima, nadie nos conoce, en unas horas cada uno a su puta vida. Me acerqué, copa en mano. ‘¿Volando solo?’, dije, voz ronca por el jet lag. Él: ‘Sí, y aburrido. ¿Tú?’. ‘Igual, con ganas de algo… divertido’. Hice pausa, mordiéndome el labio. ‘¿Hotel cerca? Mi escala es larga’. Se rio bajito. ‘Vamos, guapa. Yo pago la hora’. Corazón latiendo fuerte, adrenalina pura. Subimos al shuttle, silencio cargado.

El cruce de miradas en el bar del aeropuerto

La habitación del hotel era un cubo blanco, impersonal. Draps frescos, olor a limpio y lejía. Clim petardeando, fresco contra mi piel caliente. Cerró la puerta, me empujó contra ella. Beso brutal, lengua invadiendo mi boca, manos apretándome las tetas. ‘Joder, qué rica’, gruñó. Le arranqué la camisa, pezones duros rozando su pecho. Bajé la cremallera, saqué su polla tiesa, gruesa, venosa. ‘Mmm, esto sí’, murmuré, arrodillándome. La chupé hondo, saliva goteando, bolas en mi mano. Él gimiendo: ‘Sí, cabrona, trágatela toda’. Tac-tac de fondo, anuncios lejanos recordándonos el tiempo.

El polvo intenso en la habitación del hotel

Me tiró en la cama, faldas arriba, tanga a un lado. Dedos en mi coño empapado, frotando el clítoris. ‘Estás chorreando, puta’. Entró de golpe, polla abriéndome en dos, embestida salvaje. Gemí alto: ‘¡Fóllame fuerte, no pares!’. Ritmo frenético, cama crujiendo, sudor mezclándose. Me puse a cuatro, él azotándome el culo rojo. ‘Toma, zorra de aeropuerto’. Cambiamos, yo encima, cabalgando su verga, tetas rebotando, uñas en su pecho. ‘Córrete dentro, lléname’, jadeé. Él: ‘Joder, sí…’. Explosión, leche caliente inundándome, yo temblando en orgasmo brutal, coño contrayéndose.

Quedamos jadeando, cuerpos pegados, olor a sexo denso. ‘Ha sido… increíble’, dijo él, besándome el cuello. Miré el reloj: dos horas voladas. ‘Mi vuelo’, susurré. Ducha rápida, agua fría despertándonos. Nos vestimos en silencio, sonrisa cómplice. Abajo, shuttle de vuelta. ‘Adiós, desconocido. Guardo tu semen en mi coño como souvenir’. Él guiñó: ‘Vuelve a escalar aquí’. Subí al avión, asiento vibrando al despegar, coño aún palpitando, sonrisa pícara. Ningún mañana, solo este fuego en mi bagage a mano.

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