Estaba en escala en Barajas, Madrid, con cinco horas muertas antes del siguiente vuelo. El aire olía a café quemado del bar de la terminal, mezclado con ese hedor a duty free. Anuncios de vuelos retumbando: ‘Última llamada para París…’. Me senté en un taburete alto, piernas cruzadas, falda corta subiendo un poco. Sudor pegajoso por la humedad, pero la clim del aeropuerto me ponía la piel de gallina.
Él apareció de la nada. Cuarentón, traje arrugado, ojos hambrientos. Nuestras miradas chocaron. Sonrisa torcida, como si supiera lo que pensaba. Pidió un whisky, se acercó. ‘¿Escale eterna también?’, dijo con acento francés. Asentí, mordiéndome el labio. Charlamos tonterías: viajes, jet lag. Pero el roce de su rodilla contra la mía lo dijo todo. ‘Hay un hotel al lado, cinco minutos. ¿Quieres matar el tiempo?’, murmuró. Dudé un segundo, corazón latiendo fuerte. ‘Sí, joder, vamos’. Adrenalina pura, sabiendo que en horas me iría sin mirar atrás.
El cruce de miradas en la sala de espera
Caminamos rápido, su mano en mi cintura. Recepción impersonal, llave magnética. Puerta cierra, clic. Habitación fría, clim zumbando, drapos blancos crujientes oliendo a lavanda barata. No perdimos tiempo. Me empujó contra la pared, boca en mi cuello. ‘Quítate eso’, gruñó. Le arranqué la camisa, botones volando. Sus manos en mis tetas, apretando pezones duros. Gemí, bajando su cremallera. Polla tiesa, gorda, saltando libre. ‘Mmm, qué pedazo’, susurré, arrodillándome.
La chupé despacio al principio, lengua en el glande salado, bolas pesadas en la mano. Él jadeaba, ‘Joder, qué boca’. Anuncios lejanos filtrándose por la ventana. Me levantó, falda arriba, braga a un lado. Dedos en mi coño empapado. ‘Estás chorreando, puta viajera’. Me tiró en la cama, piernas abiertas. Polla frotando mi clítoris, luego dentro de golpe. ‘¡Ahhh!’, grité. Follando duro, cama chirriando. Pubis chocando, sudor goteando. ‘Más fuerte’, pedí, uñas en su espalda.
La follada urgente antes del vuelo
Cambiamos. Perrito, él atrás, nalgadas resonando. ‘Tu culo es mío ahora’. Metía profundo, coño apretándolo. Saqué un jadeo cuando sacó un vibrador de su maleta, rosa, annulado. ‘Regalo para ti, pruébalo’. Lo encendió, zumbido bajo. Vibrando en mi clítoris mientras me follaba. ‘¡No pares!’. Orgasmo me pilló desprevenida, piernas temblando, chorro salpicando sábanas. Él aceleró, gruñendo ‘Me corro’. Preservativo lleno, salió jadeando.
No acabó. Me puse encima, cabalgando su polla dura otra vez. Tetazas botando, él mamando pezones. ‘Fóllame como una zorra’, dije. Segundo round brutal, urgente. Mirada al reloj: dos horas menos. Eyaculé en su boca, leche espesa tragada. Él en mi coño otra vez, capote nuevo.
Ducha rápida, agua caliente lavando pecados. Vestida, pelo húmedo. ‘Adiós, desconocido’, beso fugaz. Él sonrió: ‘Vuelve a escalar aquí’. Salí corriendo, olor a sexo pegado a la piel. Embarque próximo, pasaporte en mano. Recuerdo ardiendo en mi equipaje: polla gruesa, vibrador en bolso. Volé con coño palpitando, sonrisa pícara. Ningún mañana, puro vicio.