Estaba en el aeropuerto de Madrid, escale de cuatro horas volviendo de Barcelona. Cansada del vuelo, pero con ese cosquilleo de libertad. Me senté en el bar de la sala de embarque, pedí un café negro. Olía fuerte, amargo, mezclado con el zumbido de las pantallas anunciando vuelos. ‘Próximo vuelo a París, puerta 15’. El aire acondicionado helado me erizaba la piel bajo la blusa ligera.
Lo vi de reojo. Alto, barba recortada, ojos que no paraban de mirarme. Vestía casual, camiseta ajustada marcando pecho. Yo, con mi falda corta y piernas cruzadas, le devolví la mirada. Sonrisa. Él se acercó, cerveza en mano. ‘¿Escale larga? Yo tengo tres horas hasta Lisboa’. Hablamos tonterías: vuelos, jet lag. Pero el roce de rodillas bajo la mesa lo decía todo. ‘Hay un hotel al lado, cinco minutos. ¿Libertad temporal?’, dijo con voz ronca. Mi coño se mojó al instante. ‘Vámonos, antes de que anuncien mi vuelo’.
La chispa en la sala de espera
Corrimos al hotel, riendo como locos. Recepción rápida, llave en mano. La habitación impersonal: sábanas blancas crujientes, olor a limpio y lejano a combustible de aviones. Puerta cerrada, y ya. Sus manos en mi cintura, beso salvaje. ‘Joder, qué ganas’, murmuró. Le arranqué la camisa, pelo en el pecho, duro. Yo me quité la blusa, sujetador negro. Mis tetas pequeñas pero firmes, pezones duros por la clim.
Me tiró en la cama, falda arriba. ‘Quítate las bragas’, gruñó. Se las bajó él, oliendo mi humedad. Dedos en mi coño, resbaladizo. ‘Estás empapada, puta’. Gemí, arqueándome. Saqué su polla del pantalón: gruesa, venosa, cabeza hinchada. ‘Mámamela’, ordenó. Me puse de rodillas, lengua en la base, subiendo lento. Salado, caliente. La chupé profunda, garganta apretada, babeando. Él gemía, mano en mi pelo: ‘Sí, así, zorra’. Anuncios de vuelos se oían lejanos por la ventana entreabierta.
Fuego en la habitación con prisas
No había tiempo. Condón puesto, me puso a cuatro patas. ‘Voy a follarte el culo, ¿quieres?’. ‘Sí, rómpeme’. Lubriqué su verga, un dedo en mi ano, luego dos. Entró despacio, dolor-placer. ‘Joder, qué apretado’. Empujó fuerte, polla llenándome. Golpes brutales, huevos contra mi clítoris. Grité: ‘Más, cabrón, fóllame duro’. Sudor, piel pegada, sábanas revueltas. Me giró, misionero: piernas en sus hombros, polla hundiéndose en mi coño ahora. ‘Tu coño es mío’. Besos, mordiscos en cuello. Cambiamos: yo encima, cabalgando salvaje. Tetas rebotando, su polla palpitando. ‘Me corro’, avisó. ‘Dentro, lléname’.
Orgasmos dobles, temblando. Él explotó, yo chorreando. Cinco minutos más de caricias, risas. ‘Mi vuelo en 40’, dije jadeando. Ducha rápida, olor a sexo en la piel. Vestidos a prisa, beso en puerta. ‘Adiós, desconocido’. Volví al aeropuerto, piernas flojas, coño palpitando. Anuncio: ‘Embarque puerta 15’. Sonrisa en la cara, ese secreto en mi equipaje de mano. Mañana, solo recuerdo ardiente.