Escala ardiente en el aeropuerto: mi polvo anónimo con un desconocido

Estaba en el aeropuerto de Madrid, escale de cuatro horas volviendo de Barcelona. Harto de esperar, me senté en el bar. Olía a café quemado, mezclado con desinfectante. Anuncios de vuelos retumbaban: ‘Vuelo a París, puerta 15’. Sudor frío por la climac climatizada. Pedí un gin-tonic, nerviosa, pensando en masturbarme en el baño si no pasaba nada.

Ahí lo vi. Alto, moreno, ojos penetrantes. Vestía vaqueros ajustados, camiseta que marcaba pectorales. Me miró fijo, sonrisa pícara. Yo, con mi falda corta y blusa escotada, le devolví la mirada. Corazón acelerado. Se acercó, cerveza en mano. ‘¿Escale eterna, eh? Yo voy a Londres en tres horas’, dijo con acento italiano. ‘Sí, a México mañana. Tiempo de matar’, respondí, mordiéndome el labio.

El cruce de miradas en la sala de embarque

Charlamos. Se llamaba Luca. Habló de viajes, aventuras. Yo, abierta como siempre en estos sitios anónimos, conté que adoro el sexo rápido, sin compromisos. ‘¿En serio?’, rio. ‘Prueba conmigo’. Adrenalina pura. ‘Hay un hotel al lado, 20 minutos’. Dudé un segundo. Anuncio: ‘Vuelo a Nueva York, embarque’. ‘Vámonos’, dije.

Llegamos al hotel cutre cerca del aeropuerto. Recepción impersonal, llave magnética. Subimos. Aire frío de la clim, sábanas blancas arrugadas oliendo a lavanda barata. Puerta cierra, nos miramos. ‘No tenemos mucho tiempo’, murmura él, empujándome contra la pared.

Me besa salvaje, lengua invadiendo mi boca. Manos en mis tetas, pellizcando pezones duros. Bajo la mano, toco su polla tiesa bajo los vaqueros. ‘Joder, qué dura’, gimo. La saco, venosa, cabezota roja. Me arrodillo, huelo su olor masculino. Lametazo al glande, salado. ‘Chúpamela, puta’, gruñe. Abro boca, engullo hasta la garganta. Tos, saliva chorreando. Él agarra mi pelo, folla mi boca como un coño.

La follada intensa y urgente en el hotel

Me levanta, arranca falda y tanga. Dedos en mi coño empapado. ‘Estás chorreando, zorra’. Dos dedos dentro, frotando clítoris. Gimo fuerte. ‘Fóllame ya, no aguanto’. Me tira en la cama, sábanas frías contra piel caliente. Abre mis piernas, lame mi coño. Lengua en el ano, joder. ‘¡Sí, come mi culo!’.

Se pone condón, polla enorme. Empuja, entra de golpe. ‘¡Qué prieta tu chochita!’, grita. Me folla brutal, cama cruje. Tetas rebotando, sudor goteando. Cambio posición, a cuatro patas. Manotazo en culo. ‘Más fuerte, rómpeme’. Polla sale, brilla de mis jugos. Apunta al culo. ‘¿Anal?’, pregunta. ‘Sí, métemela toda’. Lubrica con saliva, empuja lento. Duele al principio, luego placer loco. ‘¡Joder, qué culo tan rico!’.

Me da la vuelta, misionero. Piernas en hombros, polla honda. Clítoris frotado por su pubis. ‘Me corro, cabrón’. Explosión, coño contrae, chorro moja sábanas. Él acelera, ‘Me vengo’. Quita condón, leche caliente en tetas y cara. Lamí un poco, salado.

Agotados, jadeando. Mirada reloj: dos horas voladas. ‘Mi vuelo’, digo. Se ducha rápido. Yo me limpio con toalla áspera. Beso rápido. ‘Ha sido brutal. Sin nombres reales’. Bajo, anuncio retumba en lobby: ‘Vuelo a México’. Salgo con coño palpitando, recuerdo ardiente en mi equipaje mental. Mañana, vida normal. Pero esto, inolvidable.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top