Escala Torride: Mi Noche de Sexo Anal con un Desconocido en el Hotel del Aeropuerto

Estaba en escala en Barajas, Madrid. Vuelo retrasado tres horas. Olor a café quemado por todos lados, anuncios de vuelos retumbando: ‘Pasajeros a París, puerta 15’. Me senté en el bar del hotel conectado al aeropuerto, un sitio cutre pero práctico. Vestido ligero, sin bragas, porque viajo siempre lista para lo que sea. Lo vi entrar. Alto, moreno, ojos que te desnudan. Nuestras miradas se cruzaron. Sonrisa pícara. Pidió una cerveza, se acercó. ‘¿Escale como yo?’, dijo. ‘Sí, y aburrida’, respondí, mordiéndome el labio.

Charlamos poco. Adrenalina del viaje, anonimato total. Sabíamos que en unas horas cada uno a su avión. ‘¿Subimos?’, propuse. Él dudó un segundo: ‘¿Segura?’. ‘Muévete, no hay tiempo’. Pagamos, entramos al ascensor. Manos ya impacientes, besos duros. Llegamos a mi habitación. 204, impersonal, sábanas blancas crujientes, aire acondicionado helado que eriza la piel. Le dije: ‘Espérame en el bar un rato, quiero prepararme’. Bajó, yo me desnudé rápido, me tiré en la cama, piernas abiertas, tocándome el coño ya húmedo. Esperé, corazón latiendo fuerte.

El Encuentro en el Bar del Aeropuerto

Entró una hora después. Clave en mano. Me vio así, desnuda, tetas firmes, pezones duros, mano en el clítoris. ‘Joder, qué puta tan guapa’, murmuró. Se acercó, pero ignoró mi coño abierto. Abrió el pantalón, sacó la polla tiesa, gorda, morada en la punta. ‘Chúpala’, ordenó. Me arrodillé, lengua en el glande, saboreando el precum salado. La tragué profunda, garganta apretada. Él gemía: ‘Sí, así, zorra’. Pero no me dejó dominar. Me empujó al cama, a cuatro patas, culo en pompa. ‘Qué culito perfecto’, dijo, abriéndome las nalgas.

Empezó lamiendo. Lengua raspando mi raja, bajando lento por la espalda, sudor frío del aire. Llegó al ano, fruncido, caliente. Lo besó suave, círculos húmedos. ‘Relájate, déjame probarte’. Sentí su saliva chorreando, mezclada con mi jugo del coño que goteaba. Lamía fuerte, chupando el agujero, metiendo la punta. Olía a sexo crudo, a mí excitada. Gemí: ‘Ay, sí… más profundo’. Introdujo un dedo, lubricado con mi flujo. ‘Estás empapada, puta’. Otro dedo, estirándome el culo. Me dolía un poco, pero rico. ‘Fóllame ya’, supliqué. Mientras, lamía mi coño, bebiendo mis jugos dulces y vulgares. Dedos en el culo girando, lengua en el clítoris.

La Despedida Antes del Vuelo

No aguanté. Manos en mi chocho, metiendo dos dedos yo misma. Nuestros dedos chocaban por la pared fina. ‘¡Joder, para! Es demasiado!’, grité, pero arqueaba más el culo. Él no paró: ‘Córrete, salope’. Explosión. Cuerpo temblando, chorros calientes por las piernas, ano pulsando alrededor de sus dedos. Grité como loca, olas de placer. Me derrumbé, sudada, pegada a las sábanas frías. Me abrazó, besos en cuello, pieles calientes pegadas. ‘Increíble’, susurró.

Amaneció. Anuncios de vuelos otra vez. Mi avión en una hora. Nos duchamos rápido, agua caliente contrastando el frío de la habitación. ‘Ha sido brutal’, dije, vistiéndome. Él sonrió: ‘Sin nombres, sin mañana’. Beso rápido en la puerta, mano en mi culo un último apretón. Bajé sola al aeropuerto, maleta en mano, coño y culo latiendo aún. Recuerdo quemando en mi mente, secreto perfecto para el vuelo.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top