¡Por fin en tierra! Escala de seis horas en Barajas, Madrid. Vuelo de Buenos Aires a Sevilla, pero el cuerpo pide un respiro. El aeropuerto huele a café rancio y hamburguesas recalentadas. Anuncios de vuelos retumban: ‘Última llamada para París…’. Me siento en el bar de la zona de tránsito, short vaquero ajustado, top escotado. Sudor pegajoso por el calor húmedo. Pido un gin-tonic, hielo tintineando.
Ahí está él. Moreno, ojos cansados, maleta a los pies. Solo, mirando el móvil como si le hubieran dado una patada. Nuestras miradas se cruzan. Sonrío. Él duda, eh… ¿puedo? Se acerca. ‘Hola, ¿escalas tú también?’, digo en español neutro, con mi acento andaluz. Se llama Lucas, francés, vuelo a París mañana. Su novia lo dejó por WhatsApp esta mañana. ‘Joder, qué puta…’, murmura. Le pongo la mano en el brazo. Piel cálida, barba de tres días.
El cruce de miradas en la sala de embarque
Hablamos. Rápido. Yo le cuento mi rollo: viajo sola, adoro el anonimato, follar sin compromisos. ‘Mira, mi vuelo sale al amanecer. ¿Y si nos escapamos al hotel de al lado? Unas horas de libertad, sin mañana’. Él parpadea. ‘¿En serio?’. Asiento. Pago las copas, cojo mi mochila. Caminamos pegados, riendo nerviosos. El hotel es impersonal, luces neón parpadeando fuera.
Recepción rápida. Llave magnética. Ascensor huele a desinfectante. Puerta 312. Clima a tope, aire frío erizando la piel. Sábanas blancas crujientes, impolutas. Nos miramos. ‘¿Seguro?’, pregunta él. ‘Cállate y fóllame’, respondo, quitándome la camiseta. Sus manos torpes en mi cintura. Beso salado, lenguas enredadas. Olor a su colonia barata mezclada con mi perfume.
Lo empujo a la cama. Le bajo los pantalones. Polla dura ya, gorda, venosa. ‘Joder, qué pedazo de verga’, digo lamiéndome los labios. Me arrodillo. Boca abierta, saliva chorreando. La chupo hondo, garganta apretada. Él gime: ‘Oh mierda… sí…’. Bolas en la mano, lengua en el frenillo. Me mojo entera, coño palpitando. Me quito el short, braga empapada. ‘Mírame’, ordeno. Labios carnosos hinchados, clítoris asomando.
El polvo urgente en la habitación fría
Me tumba bocarriba. Dedos dentro, dos, tres. ‘Estás chorreando, puta caliente’. Empujo sus hombros. ‘Fóllame ya, no tenemos tiempo’. Se pone encima. Polla rozando mi entrada. Empuje brutal. Llenándome entera. ‘¡Hostia, qué prieta!’, gruñe. Ritmo salvaje, cama chirriando. Pechos rebotando, sudor goteando. Cambio: yo encima, cabalgando. Caderas girando, clítoris frotando su pubis. ‘Me corro… ¡ahhh!’. Él me agarra el culo, dedos en el ano.
Levanta, perrito. Polla hundiéndose profunda. Palmadas en las nalgas. ‘Tu coño es una gloria…’. Anuncios lejanos de vuelos como banda sonora. Acelera, bolas golpeando. ‘Me vengo dentro…’, avisa. ‘Sí, lléname de leche’. Explosión. Calor inundándome. Colapso, jadeos. Besos pegajosos, cuerpos pegados.
Despertamos sudados. Reloj: 5 AM. Mi vuelo en una hora. Ducha rápida, agua caliente lavando pecados. ‘Ha sido brutal’, dice él, vistiéndose. Sonrío. ‘Sin nombres, sin números. Solo esto’. Abro la puerta, aire fresco del pasillo. Lo beso fugaz. ‘Buen viaje’. Bajo corriendo, check-in apresurado. En el avión, coño dolorido, sonrisa pícara. Recuerdo quemando en mi equipaje de mano. Adiós, desconocido. Hasta la próxima escala.