Mi Escala Caliente en el Hotel del Aeropuerto: Un Polvo Rápido e Inolvidable

Estaba en ese hotel cutre al lado del aeropuerto de Madrid, esperando mi vuelo a Barcelona. Escala de seis horas, joder, qué coñazo. Me había dado una ducha rápida en la habitación, el agua fría al principio me erizó la piel, olía a ese jabón barato de hotel, como a limón sintético. Me puse un vestido ligero, negro, que se sube fácil, sin bragas porque… ¿para qué? La climatyzación zumbaba fuerte, haciendo que los pezones se me marcaran. Bajé al bar del lobby, anuncios de vuelos retumbando de fondo: ‘Última llamada para el vuelo a París…’. Olor a café quemado y croissants recalentados. Me pedí un cortado, sentada en la barra, piernas cruzadas.

Ahí lo vi. Un tío alto, moreno, con barba de tres días, camisa remangada, ojos que te desnudan. Estaba solo, mirando el móvil, pero levantó la vista y nuestras miradas chocaron. Sonreí, él sonrió de vuelta, un poco tímido. ‘¿Escale tú también?’, le dije, voz ronca por el cansancio. ‘Sí, a Nueva York en cuatro horas’, contestó, acento andaluz, sexy. Nos pusimos a charlar: viajes, anécdotas. Sentí el calor subiendo, sus rodillas rozándome bajo la barra. ‘Oye, tengo habitación arriba… ¿unas horas libres?’, solté de repente, corazón latiendo fuerte. Dudó un segundo, ‘Joder, sí, ¿por qué no?’. Pagamos y subimos, el ascensor oliendo a desinfectante, su mano ya en mi culo.

El Mirada que lo Cambió Todo en la Sala de Espera

Entramos en la habitación, puerta azotada. La climatyzación helada nos envolvió, sábanas blancas impolutas crujiendo bajo nosotros. Me empujó contra la pared, besos urgentes, lengua invadiendo mi boca, sabor a café y menta. ‘Quítate eso’, gruñó, bajándome el vestido de un tirón. Mis tetas al aire, pezones duros como piedras. Se arrodilló, me abrió las piernas, olía a mi coño ya mojado. ‘Qué rica estás’, murmuró, lamiendo despacio el clítoris, chupando fuerte. Gemí alto, ‘Sí, así, joder… mete la lengua’. Le agarré la cabeza, empujando contra mi chocho depilado, jugos chorreando por su barbilla.

No aguanté más. ‘Sácatela’, le ordené. Se puso de pie, pantalón abajo, polla gruesa, venosa, tiesa como una barra. La cogí con la mano, masturbándola rápido, saliva goteando. ‘Mmm, qué polla más gorda’, dije, metiéndomela en la boca hasta la garganta. Él jadeaba, ‘Hostia, qué bien chupas… trágatela toda’. Le hice una mamada profunda, bolas en la mano, hasta que casi se corre. Me levantó, tiró en la cama, sábanas frías contra mi espalda caliente. Me puso en cuatro, ‘Voy a follarte como una puta’. Entró de un empujón, polla abriéndome el coño, dolor-placer brutal. ‘¡Ahhh! Más fuerte, rómpeme’, grité. Me taladraba, huevos golpeando mi culo, sudor goteando. Cambiamos: yo encima, cabalgando salvaje, tetas botando, clítoris frotando su pubis. ‘Me corro… ¡me corro!’, chillé, orgasmo explotando, coño contrayéndose alrededor de su verga.

Follada Salvaje con el Tiempo Contado

Él flipó, ‘Ahora yo, date la vuelta’. En levrette otra vez, me folló profundo, mano en mi pelo tirando. ‘Toma, puta de aeropuerto’, gemía. Se corrió dentro, leche caliente llenándome, chorros potentes. Quedamos jadeando, cuerpos pegajosos, olor a sexo impregnando la habitación. Anuncios de vuelos lejanos aún sonando.

Media hora después, ducha rápida juntos, risas nerviosas. ‘Ha sido brutal’, dijo él, vistiéndose. ‘Sin nombres, sin mañana’, respondí, guiñando. Se fue a su vuelo, yo a empaquetar. En el avión, con el coño aún palpitando y su semen secándose en mis muslos, sonreí. Mejor recuerdo de viaje ever.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top