Mi escale fogosa en el hotel del aeropuerto

Estaba en el bar del aeropuerto, esperando mi vuelo de conexión a Madrid. Olía a café quemado y a esos sándwiches rancios que nadie come. Las altavoces no paraban: ‘Vuelo a París, puerta 15’. Me tomaba un gin-tonic para matar el tiempo, con las piernas cruzadas, falda corta porque, bueno, ¿quién me iba a ver?

Él entró, alto, con barba de tres días, maleta en mano. Nuestras miradas se cruzaron. Sonrió, yo le devolví una guiñada. Se acercó, ‘¿Española? Yo voy a Barcelona’. Charlamos tonterías: el retraso del vuelo, el calor en la terminal. Su mano rozó la mía al pedir otra copa. Sentí el cosquilleo. ‘Tengo una habitación en el hotel de al lado, dos horas libres. ¿Vienes?’. Dudé un segundo, el corazón latiendo fuerte. ‘Vale, pero sin nombres’. La adrenalina del viaje, ese anonimato… no pude decir que no.

La mirada en el bar y la decisión impulsiva

Cruzamos la calle corriendo casi, riendo como tontos. El hotel era impersonal, luces frías, ascensor que olía a desinfectante. La habitación: cama con sábanas blancas crujientes, aire acondicionado zumbando fuerte, ventana con vista a las pistas iluminadas. Aviones despegando en la distancia. Nos besamos contra la puerta, urgentes. ‘Joder, qué ganas’, murmuró él, manos en mi culo.

Le arranqué la camisa, él mi blusa. Sus pechos… no, sus manos grandes en mis tetas, apretando los pezones duros. ‘Quítate todo’, le dije. Se bajó los pantalones, polla tiesa saltando fuera, gruesa, venosa. Me arrodillé, olía a hombre, a sudor limpio. La chupé profunda, lengua en el glande, saliva goteando. ‘Mmm, cabrona, así’, gemía él, cogiéndome el pelo.

Me tiró en la cama, sábanas frías contra mi piel caliente. Separó mis piernas, ‘Mira ese coño mojado’. Lamía mi clítoris, dedos dentro, chapoteando. ‘¡Sí, joder, más!’. No aguanté, me corrí temblando, gritando bajito por el vecino.

El polvo urgente en la habitación con urgencia de vuelo

‘Ahora fóllame’, le supliqué. Se puso encima, polla empujando mi coño de un golpe. ‘¡Ahhh! Grande…’. Me taladraba fuerte, cama chirriando, clim zumbando tapando gemidos. Sudor mezclándose, piel pegajosa. ‘Gira, quiero tu culo’, dijo. Escupió en mi ano, dedo primero, luego la punta. ‘¡Despacio, coño!’. Entró poco a poco, ardía, pero rico. ‘¡Qué culo apretado!’. Me follaba el ojete, mano en mi clítoris. Yo me frotaba contra las sábanas, tetas rebotando.

‘Voy a correrme’, avisó. ‘Dentro, lléname’. Se corrió a chorros, caliente en mi culo, yo explotando otra vez, uñas en su espalda. Quedamos jadeando, polla saliendo con un ‘plop’, semen goteando por mis muslos.

Miramos el reloj. ‘Mi vuelo en 45 minutos’. Nos duchamos rápido, agua fría, besos robados. ‘Ha sido brutal’, dijo él, vistiéndose. Yo: ‘Sin arrepentimientos, ¿eh?’. Bajamos, me dejó en la terminal con un beso en la boca. ‘Suerte en Barcelona’.

Ahora en el avión, sentada, siento el culo sensible, olor a sexo en mi piel. Anuncio: ‘Vuelo a Madrid, embarque’. Sonrío. Ese recuerdo quema en mi equipaje de mano, listo para el próximo viaje.

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