Estaba en el aeropuerto de Madrid, vuelo a Barcelona retrasado cuatro horas. Eh, qué coño, pensé, mejor un café. Olía a café quemado mezclado con desinfectante. Anuncios por megafonía: ‘Vuelo EK147 a Dubai, puerta 23’. Me senté en la barra, sudorosa por el calor de la terminal.
La vi de reojo. Pelo corto negro, ojos verdes, unos 30 años, leggings ajustados marcando un culo redondo. Pidió un gin-tonic. Nuestras miradas se cruzaron. Sonreí, ella devolvió. ‘¿Retraso también?’, le dije. ‘Sí, jodido, tres horas para París’, respondió con acento francés suave. Charlamos. Se llamaba Laura, viajera frecuente, sola como yo.
El retraso que lo cambió todo
‘Esto es una mierda, ¿no? Podríamos… no sé, matar el tiempo mejor’, solté, corazón acelerado. Ella rió, mordiéndose el labio. ‘Hay un hotel al lado, 50 euros la noche, check-in rápido. ¿Te apuntas? Solo unas horas, sin compromisos’. Adrenalina pura. ‘Venga, vámonos’.
Caminamos rápido, aire nocturno fresco. Hotel cutre pero limpio, recepción desierta. Subimos, habitación con clim ronroneando, sábanas blancas impolutas oliendo a detergente. Puerta cerrada, nos miramos. ‘Eres preciosa’, murmuró, y me besó. Labios suaves, lengua ansiosa. Manos por todas partes.
Caímos en la cama, ropa volando. Sus tetas firmes, pezones duros. Bajé, besé su vientre, llegué a su coño depilado, ya húmedo. ‘Joder, qué rico hueles’, gemí. Lamí su clítoris hinchado, chupando suave al principio. Ella jadeó: ‘Sí, así… lame mi coño’. Vibraba encima de mí, 69 natural. Su lengua en mi raja, mordisqueando labios, honda en mi chocho empapado.
La follada urgente en la habitación fría
Suspiros, ‘Oh mierda, qué lengua tienes’. Sentía su corazón latiendo contra mi piel, sudor salado. Agarré sus nalgas, metí un dedo en su ano apretado, mojado de saliva. ‘¡Puta, sí!’. Ella igual, dedo en mi culito mientras lamía. Coños chorreando, jugos en caras. Agarré un vibrador de su bolso –la guarra lo llevaba–, lo encendí, lo hundí en su vagina caliente. ‘¡Fóllame con eso!’.
Se arqueó, gritó ‘¡Me corro!’. Sacudidas, miel en mi boca. Yo al límite, su lengua acelerada en mi clítoris. ‘No pares, chúpame fuerte’. Orgasmos simultáneos, cuerpos temblando pegados. Pausa jadeante, clim helado erizando piel.
Pero urgencia: vuelos pronto. ‘Otra ronda’, dije. Ella se puso el arnés –otro juguetito–, goma dura lista. A cuatro patas, le ofrecí mi coño. ‘Qué puta eres, mírate’. Entró despacio, luego fuerte. ‘¡Fóllame duro, joder!’. Cachetazos de pelvis, gemidos roncos. Me masturbaba clítoris, ella clavándome uñas en caderas. ‘Tu chocho aprieta tanto…’. Explosión otra vez, piernas flojas, gritando.
Despertamos sudadas, amaneciendo. Ducha rápida, cuerpos marcados. ‘Ha sido brutal’, dijo besándome. ‘Sin números, solo recuerdo’. Bajamos, café en lobby oliendo a aeropuerto. Nos separamos en terminal: ‘Buen viaje’. Mi vuelo anunciado. Me fui con coño palpitando, sabor suyo en labios, sonrisa pícara. Ese polvo anónimo, adrenalina del ‘sin mañana’, el mejor bagaje.