Escala Torride: Chupé un Coño Peludo en el Hotel del Aeropuerto

Estaba en la sala de embarque, Madrid-Barcelona, escala eterna por niebla. Olía a café quemado del Starbucks, anuncios de vuelos retumbando: ‘Última llamada para París’. Yo, con mis 30 tacos, leggings ajustados, sudando un poco por la clim. Ella, unos 40, sentada enfrente. Vestido rojo demasiado corto para sus piernas gruesas, escote que dejaba ver tetas generosas, caderas anchas marcadas. Nuestras miradas se cruzaron. Sonrisa. ‘Qué coñazo esta espera, ¿no?’, dije. Se rio, voz ronca. ‘Sí, y con este calor…’. Hablamos de viajes, de lo jodido que es volar sola. Yo notaba cómo se me mojaba la braguita al cruzarme de piernas, devorándola con los ojos. Ella se mordía el labio, ajustándose el vestido. ‘Oye, tengo horas hasta mi vuelo. Hay un hotel al lado, ¿te apuntas a matar el tiempo?’. Corazón latiendo fuerte. ‘Venga, por qué no. Anonimato total, sin mañana’. Agarró mi mano, tiró de mí. Adrenalina pura, sabiendo que en unas horas cada una a su avión.

Corrimos al hotel cutre del aeropuerto, recepción rápida, llave magnética. Puerta cierra, clic. Aire acondicionado helado, sábanas blancas impolutas oliendo a detergente. Ella jadeaba ya. ‘No aguanto más, desde que te vi…’. Se subió el vestido, tiró las bragas al suelo –negras, húmedas–, y abrió las piernas contra la pared. Coño impresionante: mata de pelos negros espesa, larga, salvaje. Vientre blando blanco arriba, muslos carnosos enmarcándolo. ‘¡Cómetelo, por favor! Hace años que nadie me chupa. ¡Joder, hazlo!’. Me arrodillé, olor fuerte a hembra, mezcla de sudor y excitación. Nariz contra la jungla, pelos mojados pegados, enmarañados. ‘Dios, qué peluda estás…’, murmuré. Agarró mi cabeza, la aplastó. ‘¡Venga, métete!’. Cara entera hundida, boca llena de pelos largos que me rozaban la garganta. Avancé la lengua como con machete. Difícil, pelos por todos lados, collados de humedad, nudos. Empujé, más pelos entrando en la boca. Persistí, casi asfixiada, hasta tocar algo liso, viscoso. ¡Las labios! Los separé pelito a pelito, lianas rebeldes volviendo. Sudor frío por la espalda, urgencia: mi vuelo en dos horas.

La Mirada en la Sala de Embarque

Por fin, libre el clítoris, escondido tras arbustos. Escupí pelos, admiré mi obra: coño despejado, reluciente. ‘Ahora sí…’. Replungué, lengua directa al clítoris. Ella gimió fuerte, ‘¡Sí, joder, ahí!’. Exploré cada rincón, pliegues vibrando. Insistí en el punto sensible, círculos rápidos. Temblaba entera, ‘¡No pares, coño!’. Aceleré, manos en sus nalgas gordas, boca sellada. Gritos ahogados, ‘¡Me vengo, me vengo!’. Cuerpo crispado, chorro caliente directo a mi garganta. Intentó apartarme, ‘¡Para, para, no puedo más!’, pero me aferré, bebiendo su squirt, nariz ahogada en jugos y pelos. Bullas saliendo de mi boca, casi me ahogo. Al final, solté, ella cayó en la cama, roja, jadeante. ‘Madre mía… qué bueno. Gracias, guapa’. Me limpió la cara con sus bragas, quitando pelos pegados, beso suave en labios.

Se secó el coño frotando fuerte, nos vestimos rápido. ‘Mi vuelo sale ya’, dije, besándola. ‘El mío en una hora. Ha sido… inolvidable’. Bajamos, nos separamos en el lobby, olor a café otra vez, anuncios retumbando. Yo al avión, sabor a ella en la boca, braguita empapada en el bolso. Recuerdo quemándome, perfecto para el viaje. Sin nombres, sin números. Solo placer puro.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top