Estaba en escala en Barajas, Madrid. Vuelo retrasado tres horas. Me metí en el hotel del aeropuerto, uno de esos impersonales con habitaciones estándar. Olía a café quemado en el lobby, y las anuncios de vuelos retumbaban de fondo: ‘Última llamada para el vuelo a Barcelona…’. Me senté en la barra del bar, pedí un gin-tonic. La clim fría me erizaba la piel bajo la blusa.
Él apareció al lado. Alto, pelo revuelto, unos treinta, irlandés por el acento. Ojos verdes, sonrisa tímida. ‘¿Española?’, me dijo. Asentí, riendo. ‘Sí, de paso. ¿Y tú?’. ‘Escala eterna a Dublín. Justin’. Charla fluida: viajes, política europea, rock británico. Nuestras rodillas se rozaban. Sentí el calor subiendo. ‘¿Volamos mañana temprano?’, preguntó. ‘Sí, a las seis’. Mirada fija. ‘¿Compartimos estas horas libres?’. Dudé un segundo, el corazón latiendo fuerte. ‘Vámonos a mi habitación’.
El cruce de miradas en el bar
Subimos en el ascensor. Silencio cargado. Puerta cierra, y bum. Lo empujé contra la pared, besos hambrientos. Lenguas enredadas, sabor a cerveza y menta. Manos por todas partes. Le arranqué la camisa, torso musculado, vello suave. Él me quitó la blusa, sujetador negro saltó. ‘Joder, qué tetas’, murmuró. Las amasó, chupó pezones duros. Yo bajé su cremallera: polla tiesa, gruesa, venosa. ‘Mmm, buena polla’. Me arrodillé, la lamí desde las bolas hasta el glande. Chupé fuerte, saliva chorreando. Él gemía: ‘Oh fuck, sí…’
Me levantó, tiró sobre la cama. Drapos blancos crujientes, olor a limpio y sexo. Me quitó la falda, tanga empapada. ‘Estás chorreando, puta’. Metió dos dedos en mi coño, follándome con ellos. ‘¡Ah! Más…’. Lamía mi clítoris, lengua rápida. No aguanté: orgasmo brutal, piernas temblando. ‘Fóllame ya, Justin. Condón, rápido’.
La urgencia en la habitación
Se lo puso, me abrió las piernas. Entró de un empujón, polla llenándome entera. ‘¡Joder, qué apretado tu coño!’. Empujones salvajes, cama golpeteando. Yo arañándole la espalda: ‘Más fuerte, cabrón, rómpeme’. Cambiamos: a cuatro patas, él agarrándome caderas, polla honda. Sudor, piel pegajosa. Clim ronroneando de fondo. ‘Voy a correrme…’. ‘Dentro, no pares’. Otro orgasmo me partió, grité. Él siguió pistoneando, minutos eternos.
Me puse encima, cabalgándolo. Tetazas botando, yo frotando clítoris. ‘Tu polla es perfecta…’. Le metí un dedo en el culo, dedo fino lubricado con mi flujo. ‘¡Dios!’. Se corrió fuerte, llenando el condón. Yo exploté otra vez, coño palpitando.
Caímos exhaustos. Sudor, besos suaves. ‘Eres increíble’, dijo. ‘Tú tampoco, pero mi vuelo…’. A las cinco, ducha rápida. Agua caliente, jabón en su polla semi. ‘Llámame si vuelves’. Sonrisa, beso en la mejilla. Bajé al aeropuerto, piernas flojas, coño dolorido y feliz. Anuncios de vuelos otra vez. Subí al avión con ese fuego en el equipaje de mano. Sin nombres completos, sin promesas. Solo placer puro, adiós.