Estaba en el aeropuerto de Barajas, vuelo a Barcelona retrasado tres horas. Mierda. Me senté en el bar del hotel anexo, ese olor a café quemado flotando en el aire, anuncios de vuelos retumbando de fondo. ‘Última llamada para el vuelo AZ-456 a Roma’. Yo pedía un gin-tonic, aburrida, sudada por el viaje. Entonces lo vi. Alto, traje ajustado, ojos que te desnudan. Me miró fijamente, sonrisa ladeada. ¿Turista? ¿Empresario? No importaba. Nuestros ojos se cruzaron, y sentí ese cosquilleo. Él se acercó, ‘¿Española? Yo de paso, vuelo mañana’. Hablamos tonterías. Risas. ‘¿Tienes habitación aquí? Mi escala es eterna’, dijo. Dudé un segundo. ‘Sí, pero…’. ‘Venga, unas horas de libertad. Sin compromisos’. El anonimato del aeropuerto me ponía. Adrenalina pura. ‘Vale, subamos’. Corazón latiendo fuerte.
La habitación era impersonal, típica de hotel: sábanas blancas crujientes, aire acondicionado helado erizándome la piel. Cerró la puerta, y ya. Sus manos en mi cintura, beso hambriento. ‘Joder, qué ganas tenía’, murmuró. Le arranqué la camisa, botones volando. Olía a colonia cara y sudor fresco. ‘Desnúdate’, le ordené, voz ronca. Él obedeció, polla ya dura saltando del bóxer. Gruesa, venosa, palpitante. Me tiré de rodillas, la agarré. ‘Mmm, qué polla más rica’. Lamí la punta, salada, pre-semen goteando. Él gemía, ‘Chúpamela, puta’. La engullí, garganta profunda, saliva chorreando. Tosí un poco, pero seguí, bolas en la mano, apretando. ‘Para, o me corro ya’. Me levantó, tiró de mi falda. ‘Quítate las bragas, quiero verte el coño’. Mojada perdida, clítoris hinchado. Me tumbó en la cama, piernas abiertas. Lengua en mi raja, chupando fuerte. ‘¡Dios, qué sabroso tu chocho depilado!’. Gemí alto,公告 de vuelos lejano. Dedos dentro, curvados, tocando el punto G. ‘Fóllame ya, no aguanto’.
La espera y el flechazo en el bar
Me puso a cuatro patas, polla rozando mi culo. ‘¿Lista para que te reviente?’. ‘Sí, métemela toda’. Entró de un empujón, coño lleno, estirado. ‘¡Joder, qué apretada!’. Embestidas brutales, piel contra piel, slap-slap. Agarrándome las tetas, pellizcando pezones. ‘Me vas a hacer correrme, cabrona’. Cambiamos: yo encima, cabalgando salvaje, polla hundiéndose hasta el fondo. Sudor goteando, aire frío en piel caliente. ‘Córrete dentro, no pares’. Él gruñó, ‘¡Toma, puta!’. Chorros calientes llenándome, yo explotando, coño contrayéndose, jugos por sus huevos. Caímos exhaustos, respirando agitados. ‘Eres una diosa’, susurró.
Amaneció pronto. Anuncio: ‘Vuelo a Barcelona, embarque en 20 minutos’. Me vestí rápido, bragas húmedas en el bolso. ‘Adiós, desconocido. Buen viaje’. Beso rápido, sabor a sexo. Bajé corriendo, check-in, avión. Sentada, coño aún palpitando, semen secándose en muslos. Recuerdo ardiente en mi equipaje de mano. Sin nombres, sin mañana. Solo placer puro.