Escala ardiente en el aeropuerto: mi polvo con un desconocido

Estaba en la sala de embarque, volviendo loco de aburrimiento. El vuelo retrasado unas horas, el olor a café quemado del bar flotando en el aire. Anuncios por megafonía… ‘El vuelo a Madrid se retrasa…’. Sudor en la nuca por el calor pegajoso, aunque la clim intentaba refrescar. Me senté en un taburete alto del bar, con mi copa de vino barato, piernas cruzadas, falda corta subiéndose un poco.

Lo vi de reojo. Alto, moreno, unos treinta y pico, camisa ajustada marcando pecho. Ojos que escanean la sala como yo. Nuestras miradas chocaron. Él sonrió, leve, pícaro. Yo no aparté la vista. ‘¿Esperando el mismo vuelo?’, dijo acercándose, voz grave, con acento… no sé, italiano quizás. ‘Sí, pero con ganas de matar el tiempo’, respondí, mordiéndome el labio. Hablamos tonterías. Vuelos, ciudades. El roce accidental de su brazo en mi piel. Adrenalina subiendo. Sabía que me iba en unas horas, nada de compromisos. ‘Hay un hotel aquí al lado, habitaciones por horas’, murmuró. Mi coño dio un tirón. ‘Vamos’, dije sin pensarlo.

El cruce de miradas en la sala de embarque

Caminamos rápido, el ruido de aviones despegando de fondo. Recepción impersonal, llave magnética. Puerta cierra, clic. Habitación fría por la clim, olía a limpio artificial. Draps blancos impolutos en la cama king. Nos miramos. ‘No tenemos mucho tiempo’, jadeé. Él me empujó contra la pared, boca en mi cuello, manos subiendo falda. ‘Quiero follarte ya’, gruñó. Le bajé el pantalón, polla saltando dura, gruesa, venosa. Dios, qué polla. La agarré, masturbé fuerte mientras él me quitaba bragas de un tirón. Dedos en mi coño, ya empapado. ‘Estás chorreando, puta’, dijo riendo. Gemí, arqueándome.

Me tiró en la cama, draps fríos contra mi espalda caliente. Se puso encima, polla rozando mi entrada. ‘Fóllame duro’, supliqué. Entró de golpe, llenándome hasta el fondo. Ahhh… dolor-placer. Embestidas brutales, cama crujiendo. Sus huevos chocando mi culo. Le arañé la espalda, mordí hombro. ‘Tu coño aprieta como una virgen’, jadeó. Cambiamos, yo encima, cabalgando salvaje. Tetas rebotando, él chupándolas, mordiendo pezones. Sudor mezclándose, olor a sexo crudo. ‘Me voy a correr’, avisó. ‘Dentro, lléname’, grité. Bombeó más rápido, polla hinchándose. Eyaculó caliente, chorros profundos en mi útero. Yo exploté segundos después, coño convulsionando, jugos chorreando por sus muslos.

Follada brutal en la habitación del hotel

No paramos. Boca abajo, él detrás, polla otra vez dura metida en mi culo. ‘¿Te gusta por el ojete?’, preguntó embistiendo. ‘Sí, rómpeme’, respondí ahogada. Manos en mi clítoris, frotando. Segundo orgasmo me dejó temblando. Él se corrió otra vez, semen goteando.

Despertamos enredados, reloj marcando poco antes del embarque. Anuncios lejanos retumbando. ‘Ha sido brutal’, dijo besándome. Me vestí rápido, coño dolorido, semen resbalando piernas. ‘Sin nombres, sin números’, sonreí. Puerta, beso rápido, olfato a su colonia mezclada con mi olor. Caminé al aeropuerto, piernas flojas, sonrisa secreta. Ese polvo en mi bagage à main, quemando hasta Madrid.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top