Mi follada salvaje en el hotel del aeropuerto con un desconocido

Estaba jodidamente harta. Vuelo retrasado cuatro horas en ese aeropuerto de mierda. Olía a café quemado por todos lados, y las voces mecánicas anunciando vuelos en loop: ‘Última llamada para Madrid…’. Me metí en el bar del hotel al lado, climatizado hasta dar escalofríos, con esos sillones impersonales. Pedí un gin-tonic, fuerte. Llevaba falda corta, top escotado, porque ¿pa’ qué? Si no hay mañana, voy preparada.

Lo vi entrar. Alto, como un metro noventa, musculoso pero no de gym, de esos que trabajan al aire libre. Pelo largo recogido, barba incipiente, camiseta ajustada mostrando tatuajes tribales. Parecía un bárbaro moderno, backpacker de estepas lejanas. Se sentó cerca, pidió una cerveza. Nuestras miradas chocaron. Él sonrió, torpe. ‘¿Española?’, dijo con acento raro, gutural. ‘Sí, de Madrid. ¿Y tú?’. ‘De las llanuras del este, aventurero’. Eh… qué mono, pensé. Hablamos. Su nombre, Krill o algo así, no importaba. Contó de tribus nómadas, cacerías. Yo de mi vida loca, viajes sin ataduras. El alcohol soltó todo. ‘Mi habitación está arriba, dos horas libres antes de mi vuelo’. Dudó un segundo, ojos en mi escote. ‘Vamos’. Adrenalina pura, anonimato total.

La espera y el cruce de miradas

Subimos. Ascensor oliendo a desinfectante. Puerta cierra, clic. Climatización fría, pero el calor ya ardía. Lo empujé contra la pared, besos salvajes, lengua dentro, mordiendo labios. ‘Quítate todo’, jadeé. Se arrancó la camiseta, torso liso, solo una mata negra alrededor de la polla. La saqué del pantalón: gruesa, venosa, ya tiesa como madera. ‘Joder, qué pedazo de verga’. Me arrodillé, olía a sudor limpio de viaje. Lamí el glande salado, tragué hasta la garganta, ahogándome un poco. Él gruñía: ‘Sí, chúpamela toda, puta’. Manos en mi pelo, follando mi boca. Saliva chorreando.

El polvo urgente y brutal

Me tiró en la cama, sábanas blancas crujientes, frías contra mi piel caliente. Falda arriba, bragas fuera. ‘Mira este coño mojado pa’ ti’. Metió dos dedos gruesos, removiendo, chap-chap. ‘Estás chorreando’. Me abrí de piernas, ‘Fóllame ya, no tenemos tiempo’. Se colocó, polla enorme en mi entrada. Empujó de golpe, rompiéndome. ‘¡Ahhh, joder! Más adentro’. Me taladraba, brutal, cama golpeando pared. Sudor goteando, anuncios de vuelos lejanos como fondo. Cambiamos: yo encima, cabalgando, tetas botando. ‘Me la clavas hasta el fondo’. Él pellizcaba pezones, ‘Tu coño aprieta como virgen’. Grité orgasmo, contracciones ordeñándolo. Él no paró, me puso a cuatro, azotando culo. ‘Te voy a llenar’. Tres embestidas feroces, y sentí el chorro caliente inundándome, semen espeso saliendo por piernas.

Quedamos jadeando, pegados, piel sudada. ‘Ha sido… brutal’, murmuró él, acento ronco. Miré reloj: mi vuelo en una hora. ‘No hay mañana, guapo’. Ducha rápida, agua caliente lavando fluidos. Él se vistió, beso rápido. ‘Suerte en tu aventura’. Bajé sola, check-in, avión despegando. Sentada, coño aún palpitando, semen secándose en muslos. Recuerdo ardiendo en mi equipaje de mano. La mejor escale de mi vida.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top