Mi escala ardiente en el hotel del aeropuerto con un desconocido

Estaba en escala en Barajas, Madrid. Mi vuelo a Barcelona salía en cuatro horas. Cansada del viaje, pedí un café en el bar del aeropuerto. Olía a espresso quemado, fuerte, mezclado con el zumbido de las anuncios: ‘Vuelo IB-345 a Roma, puerta 12’. La gente iba y venía, maletas rodando.

Me senté en la barra, piernas cruzadas, falda corta subiendo un poco. Sentí una mirada. Giré la cabeza. Él: moreno, ojos oscuros, unos 28 años, camisa abierta mostrando pecho velludo. Parecía crew o viajero, con acento italiano al pedir su birra. Sonrió. Yo devolví la sonrisa, coqueta. ‘Ciao bella’, dijo bajito. Hablamos en spanglish torpe. Se llamaba Marco, de Milán, escala larga hasta mañana.

El cruce de miradas en la sala de espera

‘¿Solo unas horas?’, pregunté, mordiéndome el labio. Él asintió, ojos bajando a mis tetas. La adrenalina me subió. Anonimato total, nadie nos conocía, yo me iba pronto. ‘Hay un hotel al lado, capsules baratas’, propuse. Dudó un segundo, pero su polla ya asomaba en el pantalón. ‘Vamos’, gruñó.

Caminamos rápido, mano en mi culo disimulando. Check-in express, ascensor oliendo a desinfectante. Entramos en la habitación: clim fuerte, helada, sábanas blancas impolutas, impersonales. Ventana con vista a pistas de aterrizaje, luces parpadeando.

Me empujó contra la puerta, besos salvajes, lengua invadiendo mi boca. ‘Quiero follarte ya’, jadeó. Le arranqué la camisa, tetas fuera del sujetador, pezones duros por el frío. Él chupó uno, mordió suave, mano bajando a mi coño. ‘Estás mojada, puta’, rio. Le bajé los pantalones: polla gruesa, venosa, cabezota brillante de pre-semen.

Lo tiré en la cama, me subí encima. Lamí su pecho, bajé a las bolas peludas, las chupé una a una. ‘Mmm, cabrón’, gemí. Él me abrió las piernas, dedo en mi chochito empapado. ‘Fóllame con la lengua’, supliqué. Se zambulló, lamiendo clítoris, metiendo lengua profunda, sorbiendo mis jugos. Me corrí rápido, temblando, agarrando sus rizos.

Follada urgente antes del vuelo

‘Ahora mi polla’, ordenó. Me puse a cuatro patas, culo en pompa. Escupió en mi ano, rozó, pero entró en coño de un empujón. ‘¡Joder, qué apretada!’, gritó. Me taladraba fuerte, huevos golpeando mi clítoris. Sudor, piel contra piel, cama crujiendo. ‘Más duro, rómpeme’, pedí, arqueándome. Cambiamos: yo encima, cabalgando, tetas botando. Él pellizcaba pezones, azotaba nalgas.

De repente, puerta. Su amigo Luigi entró, riendo. ‘¡Comparto!’, dijo Marco. Luigi: más viejo, barrigón, pero polla enorme colgando. No protesté, caliente perdida. Luigi se sacó la verga, gorda como mi muñeca. Me la metí en boca mientras Marco me follaba por detrás. ‘Traga, zorra’, gruñó Luigi, follando mi garganta. Marco aceleró, ‘Me corro…’. Eyaculó dentro, caliente, llenándome.

Luigi me volteó, piernas al hombro, penetró salvaje. ‘Coño de puta de aeropuerto’, jadeó. Me corrí gritando, uñas en su espalda. Él sacó y pintó mi barriga de leche espesa. Exhaustos, nos limpiamos rápido, risas nerviosas.

A las 4 am, alarma. ‘Mi vuelo’, dije. Marco me besó, Luigi guiñó. Vestida, maleta en mano, salí al frío aeropuerto. Anuncios otra vez. Subí al avión, coño palpitando, semen secándose en bragas. Recuerdo ardiente en mi bagaje: follada anónima, perfecta, sin mañana.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top