Mi Escala Caliente: Sexo Salvaje con un Desconocido en el Hotel del Aeropuerto

Estaba en esa sala de espera asquerosa del aeropuerto de Madrid, vuelo retrasado tres horas. El olor a café quemado del bar me mareaba, mezclado con el pitido constante de las anuncios de vuelos. ‘Próximo embarque vuelo a Barcelona…’, repetían. Sudaba bajo la chaqueta, el aire acondicionado no llegaba hasta ahí. Me pedí un gin-tonic para matar el tiempo, sentada en un taburete alto, piernas cruzadas, falda corta subiendo un poco.

Entonces lo vi. Alto, moreno, ojos intensos, camisa ajustada marcando pecho. Estaba solo, mirando el móvil, pero sus ojos se clavaron en mí. Sonreí, él respondió con una media sonrisa. ‘¿Vuelo perdido también?’, le dije, voz ronca por el cansancio. ‘Sí, a Nueva York, cuatro horas de espera. ¿Y tú?’. ‘Escala eterna a México. Soy Ana, por cierto’. ‘Pablo. ¿Quieres compañía? Este sitio es un coñazo’.

El Regalo de la Espera en el Bar del Aeropuerto

Charlamos, risas nerviosas. El alcohol soltaba la lengua. Hablamos de viajes, de lo jodido que es estar solo en un aeropuerto. Sus rodillas rozaban las mías bajo la barra. Sentí un cosquilleo en el estómago. ‘Oye, tengo habitación en el hotel de al lado, escalas locas. ¿Vienes? Mi vuelo sale al amanecer, el tuyo después. Nada de compromisos’. Dudé un segundo, el corazón latiendo fuerte. ‘Vale, joder, por qué no. Adoro esta mierda de anonimato’.

Cogimos el shuttle al hotel cutre, luces fluorescentes parpadeando, olor a desinfectante. Subimos a su habitación, número 247. La clim ruidosa escupía aire frío, contrastando con mi piel caliente. Draps blancos impolutos, impersonales, perfectos para esto. Cerró la puerta y me besó contra la pared, manos en mi culo apretando fuerte. ‘Joder, Ana, estás buenísima’, murmuró, mordiéndome el cuello.

Le arranqué la camisa, pezones duros bajo mis dedos. Bajé la cremallera, saqué su polla dura, gruesa, venosa. ‘Mmm, qué pedazo de verga’, gemí, arrodillándome. La chupé despacio al principio, lengua en el glande, saliva chorreando. Él gruñía, manos en mi pelo: ‘Sí, trágatela toda, puta’. La metí hasta la garganta, arcadas, pero seguí, excitada por su rudeza. Me levantó, tiró de mi falda, tanga empapada. ‘Mira cómo tienes el coño, chorreando’. Dos dedos dentro, bombeando, pulgar en el clítoris. Grité, piernas temblando.

Follada Intensa Bajo la Climatización Fría

Me tiró en la cama, draps fríos contra mi espalda. Separó mis muslos, lamió mi coño como un lobo, lengua profunda, succionando jugos. ‘Sabe a puta en celo’, dijo. No aguanté, orgasmo brutal, arqueándome. ‘Fóllame ya, Pablo, métemela’. Se puso condón, polla palpitante, y embistió de un golpe. ‘¡Ahhh! Sí, rómpeme el coño’. Follando duro, cama crujiendo, sudor mezclándose. Cambiamos, yo encima, cabalgando, tetas botando. ‘Muévete, cabrona, aprieta mi polla’.

‘Quiero tu culo’, jadeó. Lubricante del neceser, dedo primero, luego dos. Relajé, excitada. ‘Dale, métela en mi ojete’. Posición perrito, entró despacio, dolor-placer. ‘Joder, qué apretado’. Embestidas salvajes, mano en mi clítoris. Grité alto, él tapándome la boca: ‘Calla, zorra, o nos echan’. Otro orgasmo, él corriéndose dentro, gruñendo.

Despertamos sudados, alarmas pitando. ‘Mi vuelo…’, dije, vistiéndome rápido. Beso rápido, húmedo. ‘Ha sido brutal, Ana. Guárdalo en tu equipaje’. Bajé sola al lobby, olor a café otra vez, anuncio de mi vuelo. Salí con las piernas flojas, coño dolorido, sonrisa pícara. Ese recuerdo quema en mi mente, pura adrenalina sin mañana.

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