Estaba en la sala de embarque, vuelo retrasado tres horas. Olor a café quemado del bar, anuncios roncos por los altavoces: ‘Vuelo a Madrid, puerta 15’. Me senté en un taburete alto, falda corta, piernas cruzadas, pensando en masturbarme en el baño. Entonces lo vi. Alto, ojos oscuros, sonrisa pícara. Nuestras miradas chocaron. Él se acercó, cerveza en mano. ‘¿Retraso también?’, dijo. Voz grave, acento del sur. Hablamos de tonterías, pero el aire cargado de tensión. ‘¿De dónde vienes?’, pregunté. ‘De un foro online, pero ahora aquí. ¿Tú?’. Sonreí. Habíamos chateado semanas antes en una app de viajeros cachondos. ‘Sí, soy yo, la que te contó sus fantasías’. Corazón acelerado. ‘Mi hotel está al lado, escalas cortas, ¿vienes? Solo unas horas antes de volar’. Dudé un segundo, el clítoris ya palpitando. ‘Vale, joder, vamos’. Pagamos y salimos corriendo bajo la lluvia fina.
La habitación del hotel era impersonal: sábanas blancas crujientes, aire acondicionado zumbando frío, luces tenues. Puerta cerrada, nos devoramos. Sus labios duros en mi boca, lengua invasora. Manos por todas partes. ‘Quítate la falda’, gruñó. Obedecí, sin bragas, coño ya empapado. Él se arrodilló, olfateó. ‘Hueles a puta en celo’. Lamida lenta por los labios mayores, chupando el clítoris hinchado. Gemí fuerte, ‘¡Sí, así, cabrón!’. Dedos largos entrando, dos de golpe, curvados en mi punto G. Me corrí rápido, chorros calientes en su cara. ‘Ahora mi polla’, dijo bajándose los pantalones. Gruesa, venosa, cabeza morada brillante de pre-semen. La tragué entera, garganta profunda, bolas en la mano. Tosí saliva, él jadeaba, ‘Joder, qué boca’. Me tiró en la cama, piernas abiertas. Entró de un empellón, polla abriéndome el coño como un puño. ‘¡Fóllame fuerte, que me voy en dos horas!’, grité. Ritmo brutal, cama golpeando pared. Sudor mezclado, olor a sexo crudo. Cambiamos: yo encima, cabalgando salvaje, tetas rebotando. Él pellizcando pezones. ‘Me voy a correr’, avisó. ‘Dentro, lléname’. Chorros calientes inundándome, orgasmo mío explotando. No paramos. Segundo asalto: perrito, nalgadas rojas, dedos en mi culo. ‘¿Te gusta el ano?’, preguntó. ‘Sí, métemela’. Lubriqué con mi corrida, entró despacio. Dolor-placer, polla reventándome. ‘¡Eres una zorra de aeropuerto!’, gemía él. Corrida anal, yo frotándome el clítoris hasta squirtear.
El cruce de miradas en la sala de embarque
Amaneció gris, alarmas de vuelos lejanas. Ducha rápida, agua caliente lavando semen pegajoso. Beso último, salado. ‘Sin números, sin promesas. Solo esto’. Bajamos, check-out exprés. En la terminal, cafés fríos, él a su puerta, yo a la mía. Vuelo despegando, coño adolorido, sonrisa pícara. Recuerdo quemando en mi equipaje de mano: esa polla anónima, el riesgo, el no-mañana. Adoro viajar por esto.