Mi follada salvaje en el hotel del aeropuerto con un desconocido

Estaba en la sala de embarque del aeropuerto de Barcelona, escale de tres horas antes de mi vuelo a Madrid. Sudor pegajoso por el calor, olor a café quemado del bar de enfrente. Anuncios de vuelos retumbando: ‘Última llamada para París…’. Me senté en un taburete alto, piernas cruzadas, falda corta subiendo un poco. Bebía un gin-tonic rápido, para matar el tiempo.

Lo vi de reojo. Alto, rubio con pelo corto desordenado, camiseta ajustada marcando pecho. Ojos azules clavados en mí, sonrisa pícara. Holandés, por el acento cuando pidió su cerveza. ‘¿Española?’, me soltó directo, sentándose al lado. Hice que sí, riendo. ‘Sí, de aquí. ¿Y tú?’. ‘De Ámsterdam, escale como tú. Vuelo en cuatro horas’. Charla fluida, roces casuales de rodillas. Sentí el cosquilleo. ‘¿Hotel cerca?’, pregunté, bajito. Él asintió, ojos brillando. ‘Vamos, tengo habitación en el del aeropuerto. Dos horas libres, ¿por qué no?’. Adrenalina pura. Anonimato total. Nadie nos conocía. Agarré mi bolso, él mi mano. Caminamos rápido por el pasillo iluminado, climatización helada erizándome la piel.

El cruce de miradas en la sala de embarque

La habitación era impersonal: cama king con sábanas blancas crujientes, aire acondicionado zumbando frío, ventana con vistas a pistas de aterrizaje. Luces de aviones parpadeando. Olor a limpio y su colonia fuerte. Cerró la puerta, me empujó contra ella. ‘Joder, qué ganas’, murmuró, besándome el cuello. Manos por todas partes. Le arranqué la camiseta, piel bronceada, músculos duros. Él bajó mi falda de un tirón, bragas al suelo. ‘Estás empapada’, dijo riendo, dedo metiéndose en mi coño. Gemí, arqueándome. ‘Fóllame ya, no tenemos tiempo’. Lo tiré a la cama, sábanas frías contra mi espalda caliente.

La urgencia en la habitación del hotel

Se quitó los pantalones, polla tiesa saltando, gruesa, venosa, cabeza roja hinchada. Me puse a cuatro patas, culo en pompa. ‘Ven, métemela’. Entró de un empujón, hasta el fondo. ‘¡Hostia, qué prieta!’, gruñó, agarrándome las caderas. Follando duro, cama chirriando, palmadas en mi culo dejando marcas rojas. Sudor goteando, mezclándose. Le chupé los huevos mientras me la clavaba, lengua lamiendo piel salada. ‘Gime más, puta’, me pedía, tirándome del pelo. Cambiamos: yo encima, cabalgándolo salvaje, tetas botando, pezones duros rozando su pecho. ‘Me corro, joder’, jadeó. ‘Dentro no, en la boca’. Me bajé, rodillas en las sábanas ásperas, mamada profunda, garganta llena. Él explotó, leche caliente salpicando lengua, tragando todo, restos chorreando barbilla. Yo me toqué el clítoris frenética, orgasmo temblando piernas, chorro mojando sus muslos.

Agotados, respirando pesado, aire frío secando sudor. Mirada rápida al reloj: mi vuelo en una hora. ‘Fue brutal’, dijo él, besándome suave. Vestí deprisa, falda arrugada, bragas húmedas en bolso. ‘Sin nombres, sin números’, reí. Abrazó fuerte, olor a sexo impregnado. Salí al pasillo, piernas flojas, anuncios retumbando: ‘Embarque para Madrid’. Subí al avión, asiento pegajoso, sonrisa tonta. Recuerdo ardiendo en mi cabeza, como un secreto sucio en el equipaje de mano. Mañana, vida normal. Pero esta noche… inolvidable.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top