Mi escale fogosa en el hotel del aeropuerto: follada con un desconocido

Estaba en el aeropuerto de Madrid, escale de seis horas antes de mi vuelo a Barcelona. Vol retrasado por niebla, joder. Me senté en el bar del hotel anexo, olor a café quemado y donuts fritos flotando en el aire. Anuncios de vuelos por megafonía: ‘Atención, vuelo IB-345 a París…’. Climatización helada, piel de gallina bajo la blusa.

Pedí un gin-tonic, cansada del viaje. Ahí lo vi. Alto, unos 28 años, pelo revuelto, camiseta ajustada marcando pectorales. Mirada directa, sonrisa pícara. Nuestros ojos se cruzaron. Él levantó su cerveza, guiño. Eh… ¿coqueteo? Me sonrojé, pero el anonimato del aeropuerto me picó. ‘¿Vol retrasado?’, preguntó sentándose al lado. Voz grave, acento andaluz. ‘Sí, jodido tiempo’, respondí riendo nerviosa.

El cruce de miradas en el bar del aeropuerto

Hablamos. Se llamaba Pablo, triatleta de Sevilla, vol a Nueva York al amanecer. ‘Estas escalas son para follar o dormir’, soltó riendo. Adrenalina pura: en horas nos iríamos cada uno por su lado, sin compromisos. ‘¿Y si compartimos habitación? Mi vuelo es en cinco horas’, propuse, coño, ¿yo dije eso? Él sonrió: ‘Venga, guapa, vamos’. Pagamos, subimos. Pasillo con luces fluorescentes zumbando.

Puerta de la habitación: clic. Aire acondicionado zumbando, sábanas blancas impolutas oliendo a detergente. Nos besamos contra la puerta, urgentes. Sus manos en mi culo, apretando. ‘Joder, qué tetas tienes’, murmuró bajándome el sujetador. Chupó mis pezones duros, mordisqueando. Yo palpé su polla tiesa bajo los vaqueros: gruesa, palpitante. ‘Quítate todo’, ordené, voz ronca.

Le bajé los pantalones, polla saltando libre, venosa, capullo morado brillante de pre-semen. La chupé ansiosa, lengua en el frenillo, bolas en la mano. ‘Hostia, qué boca, mamá’, gimió él, follándome la garganta. Saliva chorreando, arcadas placenteras. Me tumbó en la cama, sábanas frías contra mi piel caliente. Abrió mis piernas: ‘Mira qué coño mojado, depilado perfecto’. Lamió mi clítoris, dedos en el agujero chorreante. ‘¡Sí, come mi coño, cabrón!’, grité, caderas alzadas.

La follada intensa antes del amanecer

Orgasmos rápidos: uno con lengua en el culo, otro con tres dedos bombeando. ‘Fóllame ya, no tenemos tiempo’, supliqué. Condón puesto, polla embistiendo mi coño empapado. Plaf, plaf, contra mis nalgas. Me puso a cuatro, pellizcando tetas. ‘¡Qué apretado tu chocho!’, jadeaba. Cambiamos: yo encima, cabalgando salvaje, clítoris frotando su pubis. Sudor mezclado, olor a sexo crudo.

‘¿Quieres por el culo?’, preguntó, dedo untado de mi flujo en mi ano. ‘Sí, despacio al principio’, gemí. Lubriqué con saliva, cabeza entrando: ardor placentero. ‘Joder, qué culazo virgen’, gruñó empujando. Me folló anal lento, luego rápido, bolas golpeando coño. ‘¡Me corro en tu culo!’, avisó. Saqué condón, masturbé su polla: chorros calientes en mis tetas, cara. Yo me corrí frotando clítoris, squirtando sábanas.

Desnudos exhaustos, risas. ‘Ha sido brutal’, dijo él, besándome. Mirada al reloj: su vuelo en una hora. ‘Adiós, desconocido’, susurré vistiéndonos. Beso final, olor suyo en mi piel. Bajé al aeropuerto, anuncio: ‘Vuelo a Barcelona, embarque’. Despegamos, coño palpitante, recuerdo ardiente en mi equipaje de mano. Sin números, sin promesas. Pura libertad.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top