Mi follada salvaje en el hotel del aeropuerto durante la escala

Estaba en escala en Barajas, vuelo retrasado tres horas. Me senté en el bar del hotel al lado del aeropuerto, con mi café humeante oliendo a granos tostados. La climatización helada me erizaba la piel bajo la blusa fina. Anuncios de vuelos por los altavoces: ‘Pasajeros a París, puerta 15’. Yo volaba a Sevilla al amanecer.

Él apareció, traje arrugado, maleta a rueda. Moreno, ojos juguetones, unos cuarenta. Nuestras miradas se cruzaron. Sonreí, él se acercó. ‘¿Vuelo perdido?’, preguntó con acento francés. ‘Retraso, como siempre’, dije riendo. Pidió una cerveza, charlamos. Se llamaba Marc, de paso a Madrid por negocios. ‘Dos horas libres, ¿qué hacemos?’, soltó de repente. Sentí la adrenalina. Anonimato total, sin mañana. ‘Vamos a tu habitación’, murmuré. Corazón latiendo fuerte.

El cruce de miradas en el bar

Subimos al ascensor, silencio cargado. Olía a su colonia fresca mezclada con el café. Puerta abierta, habitación impersonal: sábanas blancas impecables, aire frío zumbando. Me empujó contra la pared, besos urgentes. ‘Joder, qué ganas’, gruñó. Le arranqué la camisa, pechos al aire. Sus manos frías en mis tetas, pellizcándome los pezones. ‘¡Ay! Suaves al principio’, jadeé. Él gemía: ‘Me encanta que me los aprietes fuerte’. Le bajé los pantalones, polla dura saltando. Gruesa, venosa, lista.

‘Chúpamela’, ordenó. Me arrodillé en la alfombra áspera, lamí la punta salada. ‘Mmm, qué buena boca’, murmuró. La metí entera, garganta profunda, saliva chorreando. Él me agarraba el pelo, follando mi boca. ‘Para, o me corro ya’. Me puse de pie, él me tiró en la cama. Sábanas crujiendo bajo mi culo. Dedos en mi coño empapado: ‘Estás chorreando, puta cachonda’. ‘Fóllame ya, no tenemos tiempo’, supliqué. Condón puesto rápido, polla embistiendo. Entró de golpe, llenándome. ‘¡Joder, qué prieta!’, gritó.

El polvo intenso y la despedida rápida

Ritmo brutal, cama golpeando la pared. Yo arriba, cabalgándolo, tetas botando. ‘Pellízcame los pezones, fuerte’, pedí. Él obedeció, tirando hasta doler placer. Gemí alto: ‘¡Sí, así, cabrón!’. Cambiamos, perrito: polla honda, nalgadas resonando. Sudor pegajoso, olor a sexo crudo. ‘Me voy a correr’, avisó. ‘Dentro, no pares’. Él aceleró, yo me corrí primero, coño contrayéndose, chorros mojando las sábanas. Él explotó: ‘¡Aaaah, joder!’. Polla palpitando, semen caliente en el condón.

Nos quedamos jadeando, cinco minutos. Anuncio por la ventana: mi vuelo. ‘Tengo que irme’, dije besándolo. Él sonrió: ‘Ha sido brutal, sin nombre ni nada’. Me vestí rápido, coño aún palpitando. Bajé sola, maleta en mano, recuerdo ardiente en mi equipaje. Adrenalina pura, el mejor polvo de viaje. Mañana, solo un secreto mío.

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