Estaba en el aeropuerto de Barajas, escala de cuatro horas por un vuelo retrasado. Olor a café quemado por todos lados, anuncios de vuelos retumbando: ‘Pasajeros a París, puerta 15’. Me senté en la barra, sudada por el calor, falda pegada a los muslos. Tenía 35, casada, dos niños esperándome en Sevilla, pero los viajes me ponen cachonda. Anonimato total, nadie me conoce aquí.
La vi entrar. Alta, pelo negro suelto, ojos almendrados detrás de gafas finas, piel morena. Parecía profe o ejecutiva, unos 40. Vestido ligero, tetas generosas marcadas. Nuestras miradas se cruzaron. Sonrió, pidió un gin-tonic. ‘¿Vuelo retrasado también?’, dijo con voz suave, acento madrileño. ‘Sí, jodido Madrid’, respondí riendo. Charlamos: ella Nicole, de vuelta de congreso en historia. Yo, Ana, ‘viajera de negocios’. Mentira piadosa. El alcohol soltó lenguas. ‘Este sitio apesta, hay un hotel al lado, ¿una copa más tranquila?’, propuso. Corazón latiendo fuerte. ‘Vale, ¿por qué no? Mi vuelo sale al alba.’
La Mirada en el Bar del Aeropuerto
Caminamos rápido, climatización helada del lobby, recepcionista indiferente. Habitación 207: cama king con sábanas blancas crujientes, zumbido del aire acondicionado, luces de pista parpadeando por la ventana. Cerró la puerta, me miró. ‘Ana, me pones nerviosa desde el bar.’ Dudé un segundo, pero la adrenalina del ‘sin mañana’ me invadió. La besé, labios suaves, sabor a ginebra. Sus manos en mi culo, apretando. ‘Dios, qué ganas’, murmuró.
Nos desnudamos torpes, urgencia pura. Sus tetas pesadas, pezones oscuros duros como piedras. Chupé uno, mordí suave, ella gimió: ‘Sí, así, cabrona’. Me tumbó en la cama, sábanas frías contra mi piel caliente. Bajó, lamió mi cuello, pechos, vientre. ‘Tu coño huele a deseo’, dijo abriendo mis piernas. Lengua en mi clítoris, chupando fuerte, dedos dentro, follando mi humedad. ‘¡Joder, Nicole, no pares!’ Grité bajito, pensando en el vuelo. Me corrí temblando, jugos por sus labios.
El Sexo Urgente y la Despedida
Ella se subió, coño peludo y mojado en mi cara. ‘Lámeme, Ana, prueba’. Dudé, olor fuerte, pero lamí. Clítoris hinchado, salado. Metí lengua profunda, ella cabalgaba mi boca: ‘¡Oh, sí, come mi coño!’ Se corrió gritando, chorro caliente en mi barbilla. Luego, su fantasía: ‘Quiero mear, contigo mirando. Prueba el agua.’ Reí nerviosa: ‘Estás loca… pero hazlo.’ Se sentó en la silla, piernas abiertas, mano en su chocho. ‘Mira’, jadeó. Un chorro tibio mojó su braguita, mancha oscura creciendo, goteando por muslos. ‘Ven, hazlo tú.’ El pis me presionaba, excitada. Cedí: chorro caliente en mi tanga blanca, alivio y placer mezclado, coño palpitando. ‘¡Buena puta, meando para mí!’, rió ella, frotando su coño meado contra el mío. Nos frotamos, resbalosas, tetas chocando, besos con sabor a pis y sexo. Dedos en culos, lamidas anales rápidas. Otro orgasmo brutal, cuerpos sudados pegados.
Despertamos con alarma: ‘Vuelo en una hora’. Ducha rápida, olor a sexo persistente. ‘Adiós, Ana. Guárdate esto en tu maleta.’ Beso último, sonrisa cómplice. Salí al aeropuerto, piernas flojas, anuncio de mi vuelo: ‘Embarque inmediato’. Subí al avión, coño aún húmedo, recuerdo ardiendo. Mañana, vida normal. Pero esto… mío para siempre.