Mi escale ardiente en el hotel del aeropuerto: un polvo sin mañana

Estaba en Madrid-Barajas, escale eterna antes de mi vuelo a Barcelona. El olor a café quemado del bar del aeropuerto me tenía harta, y esas voces mecánicas anunciando vuelos… ‘Atención, vuelo IB-3452 a París con retraso’. Me pedí un gin-tonic para matar el tiempo. Llevaba falda corta, blusa escotada, porque ¿por qué no? Viajar sola me pone cachonda, ese anonimato, saber que en unas horas me largo y no hay consecuencias.

Lo vi ahí, alto, con barba de tres días, fumando un cigarro electrónico en la zona permitida. Nuestras miradas se cruzaron. Él sonrió, yo mordí mi labio. Eh… ¿coincidencia? Se acercó. ‘¿Española? Yo voy a Valencia, retraso también’. Se llamaba Raúl, piloto de carga o algo así, no sé, no importaba. Charlamos. ‘Odio estas esperas’, dije. ‘Yo también, pero contigo pasa volando’. Reí. El aire acondicionado nos helaba la piel, pero el calor entre nosotros subía. ‘¿Hotel cerca? Mi vuelo sale en cinco horas’, soltó. Dudé un segundo. ‘Joder, ¿por qué no? Vamos’. Adrenalina pura, corazón latiendo fuerte.

El cruce de miradas en la sala de espera

Cogimos un taxi al hotel cutre al lado del aeropuerto. Recepción impersonal, llave magnética. Subimos. La habitación olía a limpio artificial, sábanas blancas crujientes, persianas bajadas. Ni nos besamos aún. ‘Quítate la ropa’, le ordené, voz ronca. Él obedeció, polla ya medio dura saliendo del bóxer. Yo me arranqué la falda, tanga empapada. ‘Ven aquí, cabrón’. Me tiró en la cama, sus manos ásperas en mis tetas, pellizcando pezones. Gemí. ‘Qué coño tan mojado tienes’, murmuró, metiendo dos dedos. Me arqueé. ‘Fóllame ya, no tenemos tiempo’.

Se puso encima, polla gorda empujando mi entrada. Entró de un golpe, hasta el fondo. ‘¡Joder, qué prieta!’. Embestí con fuerza, cama chirriando, su sudor cayendo en mis pechos. Yo clavaba uñas en su espalda. ‘Más duro, rómpeme el coño’. Cambiamos, yo encima, cabalgando como loca, clítoris frotando su pubis peludo. Sus manos amasando mi culo. ‘Me voy a correr’, jadeó. ‘Dentro no, cabrón, en mi boca’. Me bajé, mamada salvaje, lengua en el glande, bolas en la mano. Él gruñó, explotó, leche caliente llenándome la garganta. Tragué todo, salada y espesa.

Follada urgente en la habitación fría

No paramos. Me lamió el coño, lengua en mi ano, dedos en el clítoris. ‘¡Sí, así, no pares!’. Orgasmo brutal, piernas temblando, chorro mojando las sábanas. Volvió a follarme a cuatro patas, cachetazo en el culo. ‘Qué puta eres’. ‘Tu puta hoy, fóllame el culo si quieres’. Probó, saliva como lubricante, cabeza entrando. Dolor-placer. ‘Demasiado apretado’, dijo, y volvió al coño, pildorazos hasta correrse otra vez fuera, semen en mi espalda. Sudados, jadeantes, olor a sexo impregnando la clim fría.

A las 4 AM, alarma. ‘Mi vuelo’. Nos duchamos rápido, agua caliente quemando pieles marcadas. ‘Ha sido brutal’, dijo besándome. ‘Sin nombres completos, sin números’. Bajamos, taxi de vuelta. En la terminal, último beso robado. ‘Vuela alto’. Me fui a embarque, coño palpitando, braguita húmeda en el bolso. Recuerdo eterno, ese polvo anónimo, pura libertad viajera.

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