Mi follada salvaje en el hotel del aeropuerto con una desconocida

Estaba en Barajas, escala eterna de cuatro horas volviendo de Ibiza a Bilbao. El vuelo retrasado, qué coño. Me senté en el bar de la sala de embarque, olor a café quemado y donuts rancios flotando en el aire. Anuncios de vuelos por megafonía, ‘pasajeros a París, puerta 23’. Yo con mi copa de vino tinto, aburrida, piernas cruzadas, falda corta por el calor pegajoso.

Entonces la vi. Pequeña, piel cacao brillante bajo las luces fluorescentes, ojos verdes que perforaban. Pelo en rizos salvajes, labios gruesos. Mulata, exótica, sentada sola con un gin-tonic. Nuestras miradas chocaron. Sonrisa mía, leve. Ella dudó, mordió su pajita, pero devolvió el gesto. Corazón acelerado, esa adrenalina del viaje, nadie nos conoce, en unas horas cada una a su puta vida.

El cruce de miradas en la sala de embarque

Me acerqué, ‘¿Esperando vuelo? Yo tengo tres horas muertas’. Voz ronca, con acento francés suave. ‘Sí, a París. Dos horas. Me llamo Lena’. Yo, Carla. Charlamos tonterías: retrasos, jet lag. Pero el roce de rodillas bajo la barra, eléctrico. ‘Hay un hotel al lado del aeropuerto, habitaciones por horas. ¿Te apetece quemar tiempo?’. Ella parpadeó, rió bajito. ‘Joder, sí. Vamos’. Pagamos, salimos corriendo bajo la lluvia fina, olor a asfalto mojado.

La habitación impersonal, climatizador zumbando frío, sábanas blancas crujientes, olor a desinfectante. Puerta cerrada, nos miramos. ‘No sé tu nombre real, ni quiero’, dije. Ella: ‘Perfecto’. Nos arrancamos la ropa. Su cuerpo menudo, tetas firmes oscuras, pezones duros como piedras. Mi coño ya palpitaba. La empujé a la cama, besos salvajes, lenguas enredadas, saliva mezclada con gin.

La urgencia del polvo sin frenos

‘Quiero comerte el chocho’, gruñí. Ella abrió piernas, duvet fino negro, labios hinchados jugosos. Hundí la cara, lamí su clítoris hinchado, salado dulce. ‘Aaah, sí, chupa más fuerte’. Dedos dentro, tres de golpe, su coño apretado chorreando. Ella gemía, ‘¡Fóllame con la lengua, puta!’. Me subí encima, 69 frenético. Su boca en mi coño pelirrojo, succionando mi clítoris, dedos en mi culo. ‘Estás empapada, zorra’. Yo la penetraba con cuatro dedos, mano casi entera, ella gritaba, ‘¡Me rompes, joder, no pares!’.

La volteé, culo arriba, lamí su ano prieto mientras la dedo follaba. ‘Métemela toda’, suplicaba. Empujé la mano, puño suave girando en su coño dilatado. Chorros calientes salpicando sábanas. Yo montándola, frotando clítoris contra clítoris, sudadas, jadeos. ‘Córrete conmigo, cabrona’. Orgasmos brutales, cuerpos temblando, olor a sexo denso en la habitación fría.

Agotadas, acurrucadas. ‘Mi vuelo sale en una hora’, murmuró. ‘El mío en dos’. Ducha rápida, agua caliente quemando pieles marcadas. Nos vestimos sin palabras. Beso final en la puerta, ‘Adiós, desconocido placer’. Bajamos al aeropuerto, luces parpadeando, último café. La vi irse a su puerta, yo a la mía. Despegue, recuerdo ardiente en mi cabeza: su sabor en mi boca, coño apretado en mi puño. Ningún mañana, solo eso. Perfecto.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top