Estaba en escala en Barajas, Madrid. Vuelo retrasado cuatro horas. Agotada del viaje de Sevilla a México. Me senté en el bar de la terminal, olor a café quemado por todos lados, anuncios de vuelos retumbando: ‘Pasajeros a Nueva York, puerta 15’. Sudor pegajoso en la blusa, piernas cruzadas, móvil en la mano sin ganas.
Lo vi entrar. Un tío de unos sesenta, canoso, mochila al hombro, cara de cansado pero ojos vivos. Se sentó al lado, pidió un whisky. Nuestras miradas se cruzaron. Ehh… hola, dije yo, sonriendo. Él sonrió de vuelta, tímido. ‘¿Retraso también?’, preguntó con acento francés. Asentí. Charlamos. Se llamaba Pierre, volvía de negocios en París. Solo, como yo. Soltera, abierta, adorando estos encuentros anónimos. ‘¿Y si matamos el tiempo juntos?’, solté, mirándolo fijo. Dudó, tragó saliva. ‘Hay un hotel al lado del aeropuerto… unas horas’. Corazón latiendo fuerte. Sí, joder, sí.
La mirada en la sala de embarque que encendió todo
Cogimos un taxi rápido. Hotel cutre, luces neón parpadeando, recepción vacía. Habitación impersonal: cama con sábanas blancas crujientes, aire acondicionado zumbando frío, olor a desinfectante mezclado con su colonia. Cerramos la puerta. Él nervioso, yo directa. Le besé, lengua dentro, manos en su paquete. ‘Relájate, nos vamos en unas horas, solo placer’. Se dejó, gimiendo bajito.
Le arranqué la camisa, pezones duros. Bajé los pantalones: polla gruesa, venosa, ya tiesa. ‘Joder, qué polla más rica’, murmuré, arrodillándome. La chupé hondo, saliva chorreando, huevos en la mano. Él jadeaba, ‘Oh merde…’. Le metí un dedo en el culo mientras mamaba, viéndole retorcerse. Me tumbó en la cama, sábanas frías contra mi piel caliente. Me quitó las bragas, coño empapado, pelos húmedos. ‘Estás chorreando’, dijo, metiendo dos dedos, frotando el clítoris. Gemí fuerte, arqueándome.
Follada urgente y brutal antes del vuelo
‘Fóllame ya’, exigí. Se puso encima, polla empujando mi coño de un golpe. Entró hasta el fondo, estirándome, dolor-placer brutal. Bombeaba duro, rápido, urgencia de desconocidos. ‘Más fuerte, cabrón’, grité. Sudor goteando, cuerpos chocando, plaf plaf. Le arañé la espalda, mordí el hombro. Cambiamos: yo encima, cabalgando su polla, tetas rebotando, coño tragándosela entera. Él manoseándome el culo, dedo en el ano. ‘Me corro…’, avisó. ‘Dentro, lléname’. Eyaculó caliente, chorros potentes llenándome el coño. Yo me corrí después, temblando, chorro mojando sus muslos.
Nos quedamos jadeando, aire frío secando el sudor. Besos suaves, risas. ‘Eres una puta increíble’, dijo riendo. ‘Y tú un semental viejo’. Duermió un rato, yo mirando el techo, anuncios de vuelos lejanos en la tele.
A las cinco, alarma. Vuelo en dos horas. Me vestí rápido, coño pegajoso con su corrida. Él igual, camisa arrugada. Abajo, café amargo en el lobby, climatizado helado. ‘Ha sido… inolvidable’, murmuró, besándome la mejilla. ‘Sin nombres reales, sin mañana’, respondí guiñando. Salí al taxi, aeropuerto rugiendo. Subí al avión, asiento vibrando al despegar. En el bolso, su olor grabado. Sonreí: mejor equipaje de mano que llevo.