Mi Escala Torride: Sexo Brutal con un Desconocido en el Hotel del Aeropuerto

Ay, chicas, acabo de aterrizar y aún me tiemblan las piernas. Fue en esa escale eterna en Barajas, ¿sabéis? Mi vuelo a Madrid retrasado hasta la mañana. Me senté en el bar de la terminal, ese olor fuerte a café quemado mezclándose con desinfectante. Anuncios de vuelos por megafonía: ‘Última llamada para el vuelo a París…’. Yo con mi copa de vino tinto, aburrida, mirando el móvil.

De repente, lo vi. Alto, moreno, ojos verdes que clavaban. Estaba dos taburetes más allá, con una cerveza en la mano. Nuestras miradas se cruzaron. Sonrió, esa sonrisa lobuna. Dudé un segundo, pero el anonimato del aeropuerto me picó. Me acerqué. ‘¿Escale larga también?’, le dije. ‘Sí, hasta las 7’, contestó con acento italiano. Charlamos. Se llamaba Alex, de viaje de negocios. ‘El hotel de al lado tiene habitaciones por horas’, soltó de repente. Sentí el subidón. ‘¿Por qué no?’, respondí. Adrenalina pura, sabiendo que en unas horas cada uno a su vida.

El cruce de miradas en el bar del aeropuerto

Pagamos rápido y salimos. El shuttle al hotel, luces de pista parpadeando. Entramos en la habitación: impersonal total. Climatización helada, sábanas blancas crujientes, olor a limpio sintético. Ni nos miramos, directo al lío. Me empujó contra la pared, beso salvaje, lengua invadiendo. ‘Joder, qué ganas’, murmuró. Sus manos bajo mi falda, palpando mi tanga ya húmeda.

Le bajé los pantalones. Polla dura como piedra, gruesa, venosa. ‘Mmm, qué pedazo’, gemí. Me arrodillé en la alfombra áspera. La lamí desde la base, bolas pesadas oliendo a hombre. La metí en la boca, chupando fuerte, saliva goteando. Él gimiendo: ‘Sí, cabrona, trágatela’. Me follaba la garganta, urgente, cogiéndome el pelo. ‘Tenemos poco tiempo, no pares’.

Me levantó, tiró de mi blusa. Tetas al aire, pezones duros por el frío. Me tiró en la cama, sábanas frías contra mi piel caliente. Separó mis piernas: ‘Coño depilado, mojado perdido’. Lengua experta en mi clítoris, chupando, metiendo dedos. ‘¡Ah, joder, sí! Come mi coño’. Me corrí rápido, arqueándome, jugos en su barbilla.

Follada intensa en la habitación con urgencia

No esperó. Polla en mi entrada, embestida de un golpe. ‘¡Fuerte! Fóllame duro’. Me taladraba, cama chirriando, sudor mezclándose. ‘Tu coño aprieta como puta’, gruñía. Cambiamos: yo encima, cabalgando, tetas botando. ‘Mira cómo te monto, cabrón’. Él pellizcando pezones, azotando mi culo.

‘¿Quieres por detrás?’, jadeó. ‘Sí, encúlame’. Lubricó con mi humedad, glande en mi ano apretado. Dolor placer, entró lento. ‘¡Joder, qué estrecho!’. Me folló el culo, mano en clítoris. Gemía como loca: ‘¡Más, revuéntame el ojete!’. Sudor goteando, anuncios de vuelos lejanos por la ventana entreabierta.

Se corrió dentro, leche caliente inundándome. Yo exploté otra vez, temblando. Nos quedamos jadeando, cuerpos pegajosos.

A las 5, ducha rápida, agua caliente lavando pecados. Vestidos, beso en recepción. ‘Adiós, follada inolvidable’, sonrió. Mi vuelo llamaba. Salí con el coño palpitante, su semen aún dentro, equipaje en mano. Ningún mañana, solo este fuego en mi memoria.

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