Estaba en Barajas, escala eterna de cuatro horas. El vuelo a Barcelona retrasado por niebla. Me senté en el bar de la terminal, olor a café quemado y croissants rancios. Anuncios de vuelos retumbando: ‘Atención, vuelo EK147 a Dubái…’. Sudor pegajoso por el aire cargado. Pedí un cortado, negro y fuerte.
La vi de reojo. Pelo corto negro, labios rojos, unos cuarenta, curvas apretadas en vaqueros. Me pilló mirándola. Sonrió, pícara. Se acercó con su maletín. ‘¿Esperando también? Soy Yolanda, de paso por Madrid’. ‘Sí, jodido retraso. Soy Laura’. Charla fluida. Ella, vendedora freelance, viajes constantes. ‘Adoro el anonimato de los aeropuertos, nadie te conoce, cero compromisos’. Reí. ‘Exacto, pura adrenalina’. Ojos clavados, roce accidental de manos al pillar el azúcar. ‘Mi hotel está a dos minutos, ¿vienes a matar el tiempo? Tengo horas antes de mi vuelo’. Corazón latiendo fuerte. ‘Vale, ¿por qué no?’. Pagamos y salimos, noche húmeda de agosto.
El encuentro en el bar del aeropuerto
El hotel era impersonal, recepción con luces frías. Subimos al ascensor, silencio cargado. Su habitación: aire acondicionado zumbando, frío en la piel. Draps blancos crujientes, olor a limpio y lejano tabaco. Cerró la puerta. ‘No hay mucho tiempo, Laura. Quiero follarte ya’. Me besó salvaje, lengua invasora, manos en mis tetas. Gemí. ‘Joder, sí’. Le arranqué la blusa, pechos firmes, pezones duros. Bajé, desabroché sus vaqueros. Coño depilado, ya húmedo. ‘Lámeme, puta’. Arrodillada, lengua en su clítoris hinchado. Sabía salado, jugos calientes. Chupaba fuerte, dedos dentro, curvados en su punto G. ‘¡Sí, así, cabrona!’. Se corrió rápido, temblando, gritando bajito por las paredes finas.
Me tiró en la cama, draps fríos contra mi espalda. ‘Ahora tú’. Me quitó las bragas, dedos en mi coño chorreante. ‘Estás empapada, zorra’. Dos dedos follándome, pulgar en clítoris. ‘¡Más!’. Sacó un vibrador de su maletín –’Mi compañero de viajes’–. Pequeño, rosado, lo encendió. Zumbido bajo. Lo metió despacio, vibrando dentro. ‘¡Hostia, qué bueno!’. Bombeaba fuerte, lengua en mi ano. Adrenalina pura, sabiendo que mi vuelo era en dos horas. ‘Fóllame con él, rápido’. Cambié posición, a cuatro patas. Me penetró profundo, mano en mi pelo tirando. ‘Córrete, puta, córrete para mí’. Explosión, jugos por muslos, grito ahogado.
La follada intensa en la habitación
No paramos. Tribbing, coños frotándose, clítoris contra clítoris, sudor mezclándose. ‘Tu coño es delicioso’, jadeaba ella. Dedos en mi culo mientras lamía sus tetas. Urgencia total: ‘Mi vuelo en una hora’. Último orgasmo mutuo, cuerpos pegados, respiraciones entrecortadas.
A la amanecer, luz gris filtrándose. Anuncios lejanos en mi móvil: ‘Embarque vuelo IB1234’. Nos vestimos rápido. ‘Ha sido brutal, Laura. Sin mañana’. Beso fugaz, olor a sexo en piel. Bajamos, ella a su terminal, yo con el recuerdo quemando en mi equipaje de mano. Coño aún palpitando mientras facturaba. Pura libertad viajera.