Mi polvo inolvidable en la escala del aeropuerto

Estaba en el bar del aeropuerto, ese martes por la mañana después de un fin de semana eterno de feriados. Mi vuelo retrasado unas horas, mierda. Yo, Lola, bailarina exótica de profesión, acababa de embolsarme una pasta en tips durante mis shows. Tetas al aire, tanga mínima, billetes en el elástico… eso paga las facturas. Olía a café quemado, anuncios de vuelos retumbando: ‘Vuelo a Madrid, puerta 15’. Sudor de la gente, aire acondicionado helado.

Me pedí un cortado, crop top ajustado apenas conteniendo mis melones naturales, XXXL, sin silicona. Pastizas, potirones, como las llaman mis fans. Minifalda dejando ver piernas largas. Noté su mirada. Alto, moreno, traje arrugado, en la barra. Me comía las tetas con los ojos, no el rostro. Sonreí, me cambré un poco, respiré hondo. El sujetador luchaba por no reventar. Él tragó saliva, bulto en el pantalón creciendo.

La mirada que encendió todo

—Ey, ¿esperando vuelo? —le dije, voz ronca de cansancio.

—Sip, a Barcelona. ¿Y tú?

—Madrid. Escala de mierda, horas muertas.

Charlamos. Se llamaba Marco, viajante de negocios. Ojos en mi escote. Yo abierta al sexo, amo el anonimato de los aeropuertos. Nadie sabe quién eres, te vas en unas horas, puro vicio sin compromiso. La adrenalina de follar con un extraño…

—¿Hotel cerca? Matamos tiempo —propuse, guiñando.

Dudó un segundo. —Joder, sí.

Pagamos, salimos. Hotel cutre al lado del aeropuerto, habitaciones para escalas. Recepción oliendo a desinfectante.

Subimos. Puerta cierra, clic. Aire frío de la clim, sábanas blancas impolutas, impersonales. Perfecto.

Me tiré sobre él, beso salvaje. Lenguas enredadas, saliva. Manos en mis tetas, amasándolas. —Joder, qué enormes… —murmura.

Le arranqué la camisa. Yo saqué los brazos del top, sujetador volando. Tetas libres, rebotando. Pezones duros como uvas, grandes, rosados. Él gime, chupa uno, muerde suave. —¡Ay! Más fuerte… —le pido.

Le bajo el pantalón. Polla tiesa, gorda, venosa. Clavelin, diría mi abuela. La agarro, pajero rápido. Él gime, manos en mi culo.

El sexo urgente antes del vuelo

—Fóllame ya, no tenemos tiempo —digo, jadeando.

Me tumba en la cama, falda arriba, tanga a un lado. Coño mojado, palpitando. Me abre piernas, lame clítoris. —¡Dios, qué rico! —grito. Lengua dentro, chupando jugos.

No aguanto. —Métemela, cabrón.

Empuja polla, de un golpe. Llenándome entera. —¡Joder, qué prieta! —ruge.

Folla duro, embestidas brutales. Tetas botando, slap-slap contra su pecho. Cambio posición, a cuatro. Me agarra caderas, polla entrando hasta el fondo. —¡Más, rómpeme el coño!

Sudor, olor a sexo. Clim zumbando, cama crujiendo. Me da la vuelta, misionero. Piernas en hombros, follando profundo. —Me corro… —advierte.

—No dentro, en las tetas.

Saca, leche caliente chorreada sobre mis melones. Yo me corro gritando, coño contrayéndose.

Jadeamos, cuerpos pegajosos. Cinco minutos después, ducha rápida. Agua caliente, jabón en sus manos por mi piel.

Vuelta a ropa. Miradas cómplices. —Ha sido… brutal —dice él, sonriendo.

—Sin mañana. Buen vuelo.

Beso rápido. Salgo, él paga. Vuelvo al aeropuerto, olor a café otra vez, anuncios: ‘Embarque puerta 15’. Asiento, sonrisa pícara. En mi bolso de mano, el recuerdo ardiente. Tetas sensibles, coño palpitando. Mejor escala ever.

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