Estaba en el aeropuerto de Madrid, escala de tres horas antes de mi vuelo a Barcelona. Sudorosa por el calor, pedí un café en el bar. Olía a espresso quemado, y en fondo, la voz metálica anunciando vuelos: ‘Atención, vuelo IB- whatever a París…’. Me senté en la barra, piernas cruzadas, falda corta subiendo un poco.
Él apareció de golpe. Alto, unos cincuenta, traje arrugado, mirada de lobo. Nuestros ojos se clavaron. Sonrió, yo mordí mi labio. ‘¿Española?’, preguntó con acento francés. ‘Sí, de paso. ¿Y tú?’. ‘Igual, vuelo en cuatro horas. ¿Quieres compañía?’. Dudé… un segundo. El anonimato del aeropuerto me ponía cachonda. ‘Vale, pero solo unas copas’. Mentira. Ya imaginaba su polla dentro.
El cruce de miradas en el bar del aeropuerto
Charlamos. Se llamaba Bertrand, empresario. Habló de viajes, de mujeres indomptables. Yo, riendo, ‘Me encanta esto, follar y volar sin mirar atrás’. Él se acercó, mano en mi muslo. ‘Hay un hotel al lado, cápsulas baratas. Dos horas. Nadie sabe’. Mi coño palpitó. ‘Vamos’. Pagamos, salimos. Afuera, el rugido de aviones, olor a queroseno. Caminamos rápido, adrenalina pura.
La habitación era impersonal: clim frío zumbando, drapos blancos almidonados, cama king size. Puerta cerrada, nos miramos. ‘Quítate todo’, ordenó. Me arranqué la blusa, sujetador volando. Pechos libres, pezones duros. Él se desabrochó, polla saltando: gruesa, venosa, tiesa como hierro. ‘Joder, qué pedazo’, gemí.
Me tiró en la cama, boca abajo. ‘Culito en pompa’. Lamí sus huevos primero, salados, mientras él me manoseaba el coño. ‘Estás empapada, puta de aeropuerto’. Metió dos dedos, chapoteo obsceno. Yo gruñí, ‘Fóllame ya’. Pero no. Sacó un plug del maletín –’siempre llevo’- lo untó de saliva, empujó en mi culo. Dolor-placer, grité. ‘Cállate o te azoto’.
Follada brutal en la habitación con urgencia
Me volteó, montó encima. Polla en mi boca, profunda, tosiendo saliva. ‘Traga, zorra’. Chupé como loca, lengua en el glande. Luego, misionero brutal: entró en coño de un golpe, embestidas salvajes. Camas crujiendo, piel sudada pegando. ‘Más fuerte, joder, rómpeme’. Cambiamos: yo a cuatro, él sodomizándome. ‘Tu culo es mío’. Empujones secos, ano ardiendo, orgasmo explotando. Grité su nombre falso.
No paramos. 69 sudado, yo chupando mientras él lamía mi clítoris hinchado. Vino en mi boca, leche caliente tragada. Segunda ronda: anal otra vez, lubricante de hotel. ‘Me voy a correr dentro’, jadeó. ‘Sí, lléname’. Explosión, semen chorreando. Cuerpos temblando, clim helado en pieles calientes.
A las 4 am, alarma. Ducha rápida, jabón neutro borrando olores. ‘Ha sido… inolvidable’, murmuró besándome. ‘Sin números, sin promesas’. Sonreí, vestida ya. ‘Vuela bien’. Bajamos, lobby vacío, olor a café rancio. Me abrazó fuerte, mano en culo último. ‘Adiós, pantera’.
En la sala de embarque, asiento 23A. Piernas temblando, coño y culo doloridos dulcemente. Anuncio: ‘Vuelo a Barcelona, embarque’. Sonrío sola. Ese polvo quema en mi maleta de mano, secreto ardiente para siempre. Mañana, vida normal. Hoy, reina del anonimato.