Mi aventura fogosa en el hotel del aeropuerto

Estaba en escala en Madrid-Barajas, vol retardado por niebla. Joder, qué mierda. Me metí en el hotel del aeropuerto, uno de esos cutres pero prácticos. Olía a café quemado en el lobby, y las altavoces no paraban: ‘Señor pasajero de vuelo IB-345 a Barcelona, atención…’. Me pedí un gin-tonic en la barra, cansada del viaje. Vestía falda ligera, blusa escotada, sandalias. Sudor pegajoso por el calor húmedo.

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Él apareció al lado. Traje arrugado, maleta a rueda, unos 40, moreno, ojos picantes. Nuestras miradas se cruzaron. Sonrió. ‘¿Retraso también?’, dijo con acento andaluz. ‘Sí, horas muertas’, respondí, mordiéndome el labio. Charlamos. Se llamaba Raúl, de Sevilla, vol a Málaga en la mañana. ‘Estos hoteles son perfectos para… olvidar el tiempo’, murmuró, rozando mi mano. Sentí un cosquilleo. Adoro esto: anonimato total, nos vamos en unas horas, cero compromisos. ‘¿Subimos?’, propuse, voz ronca. Él pagó las copas. Subimos en ascensor, silencio cargado, su mano en mi cintura.

El cruce de miradas en el bar del aeropuerto

La habitación 212: clim brutal, piel de gallina. Draps blancos impolutos, olor a desinfectante. Ventana con vistas a pistones, luces parpadeando. Me empujó contra la puerta, beso hambriento. Lenguas enredadas, saliva mezclada. ‘Joder, qué ganas’, gruñó. Le arranqué la camisa, botones volando. Piel salada, pecho velludo. Bajé la cremallera: polla enorme, tiesa como piedra, venas marcadas. ‘Mira esta verga’, dije, acariciándola. Él me levantó la falda, slip húmedo ya. Dedos gruesos en mi coño, resbaladizo. ‘Estás chorreando, puta cachonda’.

Follada urgente en la habitación fría

Me tiró en la cama, piernas abiertas. Lamida rápida en el clítoris, lengua áspera. Gemí, arqueando espalda. ‘Fóllame ya, no tenemos tiempo’. Se puso condón –bien por él–, y embistió. Polla gruesa estirándome el coño al límite. ‘¡Ahhh, coño, qué gorda!’, chillé. Ritmo brutal, cama crujiendo. Sus huevos chocando mi culo, sudor goteando. Me volteó a cuatro patas, nalgadas sonoras. ‘Toma, zorra de aeropuerto’. Metió dedo en mi ano mientras me taladraba. Placer eléctrico, vientre contraído. Cambié posición: cabalgué esa polla bestial, tetas rebotando. Él las chupaba, mordiendo pezones. ‘Me voy a correr’, jadeó. ‘Dentro, lléname’. Eyaculó fuerte, espasmos. Yo exploté, coño convulsionando, jugos por sus muslos. Colapsamos, respirando agitados, clim zumbando.

Despertamos con alarma: ‘Vuelo IB-345 embarcando’. Ducha rápida juntos, jabón resbaloso en curvas. ‘Ha sido… inolvidable’, dijo besándome. Bajamos, lobby igual, café frío ahora. ‘Suerte en el viaje’, guiñó. Yo al check-in, él a su puerta. Sentí su semen seco en slip, calor en mejillas. Despegue, nubes abajo, recuerdo ardiente en mi bolso: esa polla, ese polvo anónimo. Mañana, vida normal. Pero yo, siempre lista para la próxima escala.

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