Mi follada salvaje en el hotel del aeropuerto durante la escala

Estaba en el aeropuerto de Barajas, escala eterna por un vuelo retrasado. Olía a café quemado, mezclado con desinfectante. Anuncios por megafonía: ‘Vuelo a París, puerta 15, retraso de tres horas’. Me senté en la sala de embarque, piernas cruzadas, falda corta subiendo un poco. Sudor bajo la blusa por la clim fría.

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Lo vi. Alto, moreno, ojos juguetones. Parecía francés o algo, con esa sonrisa de depredador. Me miró fijo, yo le devolví la mirada, mordiéndome el labio. Se acercó con una cerveza en mano. ‘¿Española? Se nota por las curvas’, dijo riendo. Hablamos. Se llamaba Luca, piloto de escala o algo así. ‘Mi vuelo sale en cuatro horas. Tú?’ ‘Igual, París’. La química saltó. Adrenalina del viaje, nadie nos conoce, nos vamos en nada.

El cruce de miradas en la sala de embarque

‘¿Café? O mejor, algo más fuerte’, propuso. Bajamos al bar del aeropuerto. Sus manos rozaban las mías. ‘Me pones cachondo con esa falda’. Susurró. Me reí, nerviosa. ‘¿Y si vamos al hotel de al lado? Dos horas, sin nombres’. Él dudó un segundo. ‘Joder, sí’. Pagamos rápido, salimos. El shuttle olía a nafta, luces parpadeando.

Llegamos al hotel cutre cerca del aeropuerto. Recepción vacía, llave magnética. Subimos. Habitación impersonal: sábanas blancas crujientes, clim zumbando frío, ventana con vista a pistas de aterrizaje. Aviones rugiendo lejano. Cerró la puerta, me empujó contra ella. Beso brutal, lenguas enredadas. Manos por todas partes. ‘Quítate la falda, puta’, gruñó. Obedecí, bragas empapadas ya.

Me tiró en la cama, sábanas frescas contra mi piel caliente. Bajó mis tetas, chupó pezones duros. ‘Joder, qué ricas’. Gemí. Le abrí el pantalón, polla enorme saltó fuera, venosa, cabezota roja. ‘Mámala, qué verga’. La lamí, de huevos a punta, saliva chorreando. Él jadeaba: ‘Chúpala toda, zorra’. La tragué hasta la garganta, arcadas, pero seguí. Baboseaba su tronco.

La urgencia del polvo en la habitación

Me puso a cuatro patas, nalgas al aire. ‘Mira ese coño mojado’. Escupió en mi raja, dedo en el culo. ‘¿Te gusta por detrás?’ ‘Sí, fóllame ya’. Empujó la polla de un golpe, coño lleno, estirado. ‘¡Ahhh! Más fuerte’. Me taladraba, huevos golpeando clítoris. Sudor goteando, cama chirriando. Cambiamos: yo encima, cabalgando salvaje, tetas botando. ‘Córrete dentro, no hay tiempo para condón’.

Me volteó, misionero brutal. Piernas en hombros, polla hundiéndose hasta el fondo. ‘Tu coño aprieta como puta virgen’. Grité orgasmo, jugos chorreando. Él aceleró: ‘Me corro… ¡toma!’. Chorros calientes llenándome, semen desbordando. Colapsamos, jadeos, olor a sexo y clim.

Mirada al reloj. ‘Mi vuelo en una hora’. Se levantó, polla chorreando restos. Beso rápido. ‘Ha sido la mejor escala’. Yo, piernas temblando, limpiándome con toalla áspera. Él se fue primero. Yo, ducha rápida, olor a jabón neutro. Vuelta al aeropuerto, anuncio: ‘Embarque puerta 15’. Sentada en el avión, coño palpitando, semen seco en muslos. Recuerdo ardiente en mi equipaje de mano. Sin mañana, solo placer puro.

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