Mi follada salvaje con un desconocido en el hotel del aeropuerto

Estaba en la sala de embarque del aeropuerto de Madrid, con mi vuelo retrasado tres horas. Olor a café quemado por todos lados, anuncios de vuelos retumbando cada dos por tres. ‘El vuelo EK147 a Dubai se retrasa hasta las 6 AM’. Me pedí un cortado en el bar, aburrida, scrolleando el móvil. Ahí lo vi. Alto, moreno, ojos intensos, traje arrugado como si viniera de una noche larga. Nuestras miradas se cruzaron. Sonrisa. ¿Coqueteo? Sí. Me acerqué, ‘¿Española?’. ‘No, argentino de paso’, dijo con acento sexy. Charla fluida: viajes, soledad de las escalas. ‘Mi hotel está a cinco minutos, habitación libre hasta el amanecer. ¿Vienes?’. Adrenalina pura. No nos conocíamos, en unas horas cada uno a su vida. ‘Vale, vamos’. Corrimos al taxi, riendo nerviosos.

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La habitación del hotel era impersonal: draps blancos crujientes, aire acondicionado helado que erizaba la piel, luces de la pista de aterrizaje filtrándose por las cortinas. Olía a limpio sintético. Ni nos besamos mucho. Directo al grano. Me tiré en la cama boca abajo, como instinto, culo al aire. Él se abalanzó: ‘Qué culazo, puta’. Manos grandes amasando mis nalgas blancas, separándolas. Dedo rozando mi raja, bajando al coño ya mojado. ‘Estás empapada, zorra’. Gemí, abrí piernas. Se frotó contra mí, polla dura como piedra en su pantalón. La saqué: gruesa, venosa, goteando pre-semen. ‘Chúpamela’, ordenó. Me giré, la lamí de abajo arriba, lengua en el glande, bolas en la boca. Él jadeaba, ‘Joder, qué boca’. Me comió el coño después: lengua caliente lamiendo labios, chupando clítoris hinchado. ‘Huele a puta cachonda’. Me corrí rápido, squirt salado en su cara, gritando ‘¡Sí, lame mi coño!’. Mentón brillante, risa: ‘Desayuno perfecto’.

El cruce de miradas en la sala de embarque

No había tiempo. Lo empujé a la cama, monté su polla de un empalme. Coño tragándosela entera, chorreando jugos por sus huevos. Cabalgaba fuerte, tetas pequeñas botando, pezones duros. ‘Fóllame duro, cabrón’. Él me agarró caderas, embistiendo desde abajo: plaf, plaf. ‘Tu coño aprieta como virgen’. Cambiamos: a cuatro patas, él detrás. Polla en coño, dedo en culo. ‘¿Te gusta el ano, puta?’. ‘Sí, métemela’. Sacó un vibrador de su maleta –previsor–, lo enchufó en mi culo mientras me taladraba el coño. Doble penetración: sentía la polla rozando el juguete por la pared. ‘¡Me enculas, joder!’. Grité, temblando. Él alternaba: polla, vibro, polla. Yo chorreaba otra vez, inundándolo. ‘¡Más rápido!’. Se corrió dentro, leche caliente llenándome, gimiendo ‘Toma mi corrida, guarra’. Colapsamos, sudor pegajoso, aire frío secándolo.

A las 5:30, alarma. Anuncios lejanos: ‘Embarque EK147’. Ducha rápida, besos torpes. ‘Ha sido brutal’, dijo él, ajustándose el traje. ‘Sin nombres, sin mañana’. Bajamos, taxi de vuelta. En el aeropuerto, mirada última en la puerta. Mi vuelo. Me fui con coño palpitando, semen secándose en las bragas, recuerdo ardiente en el equipaje de mano. La mejor escala ever.

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