Mi escale ardiente en el aeropuerto: un polvo anónimo inolvidable

Estaba ahí, en la sala de embarque, con mi vuelo retrasado tres horas. El aire olía a café quemado y a esos sándwiches rancios de las máquinas. Anuncios por megafonía: ‘Vuelo a Madrid, puerta 15’. Me aburría mortalmente, scrolleando el móvil sin ver nada. Entonces, lo vi. Alto, moreno, ojos intensos, sentado en la barra del bar con una cerveza. Nuestras miradas se cruzaron. Sonrió. Yo, con mi falda corta y blusa escotada por el calor, le devolví la sonrisa. ¿Por qué no? Me levanté, pedí un gin-tonic y me senté a su lado.

—Hola, ¿esperando también? —le dije, voz ronca por el jet lag.

El cruce de miradas en el bar del aeropuerto

—Sí, escale a París. Seis horas muertas. Tú?

—Madrid. Tres horas de más. Me llamo Ana.

—Pablo. ¿Quieres matar el tiempo?

Reímos. Charlamos de viajes, de lo jodido que es volar sola. La química saltó rápido. Sus manos rozaron las mías al pasar el vaso. Sentí el cosquilleo. ‘Hay un hotel justo al lado, habitaciones por horas’, murmuró. Dudé un segundo. El anonimato del aeropuerto, la adrenalina de saber que en unas horas cada uno a su vida… Asentí. Pagamos y salimos, el ruido de las maletas rodando de fondo.

Follada brutal en la habitación del hotel

La habitación era impersonal: clim ruidosa escupiendo aire frío, sábanas blancas planchadas oliendo a detergente. Cerró la puerta y me besó con hambre. Lenguas enredadas, dientes chocando. Sus manos bajaron mi cremallera, blusa al suelo. Tetazas al aire, pezones duros por el frío. Me amasó los pechos, chupó uno, mordió suave. Gemí. ‘Joder, qué tetas’, gruñó. Le arranqué la camisa, pantalón abajo. Polla tiesa, gruesa, venosa, goteando ya. La cogí, masturbé fuerte. Él metió dedos en mi tanga, coño empapado. ‘Estás chorreando, puta viajera’.

Me tiró en la cama, falda arriba, tanga rota. Boca en mi coño, lengua lamiendo clítoris, dos dedos dentro follándome. Chupé aire, arqueé espalda. ‘¡Sí, así!’. Me corrí rápido, jugos en su barbilla. Se puso de rodillas, polla en mi boca. La tragué entera, garganta profunda, bolas en la cara. Tosí saliva, pero seguí, mamando como loca. ‘Me vas a hacer correrte ya’, jadeó. Le paré, ‘No, fóllame primero’.

De pie contra la pared, piernas abiertas. Entró de un empujón, polla abriéndome el coño hasta el fondo. Follada dura, embestidas salvajes. Pared temblando, clim zumbando. ‘¡Más fuerte, joder!’. Me dio la vuelta, cachetazo en culo. Dedos en ano, untados de mi lefa. ‘¿Quieres por detrás?’. ‘Sí, métemela’. Escupió, empujó. Rosca ardiendo, polla gruesa dilatándome. Dolor placer mezclado. Me folló el culo como un animal, mano en clítoris frotando. Grité, orgasmo brutal, coño y culo palpitando. Él gruñó, sacó, lechada en mi espalda, chorros calientes resbalando.

Caímos exhaustos, sudor pegajoso en sábanas frías. Besos lentos, risas. ‘Ha sido… brutal’, susurré. Minutos después, otra ronda: yo encima, cabalgando su polla recuperada, tetas botando. Corrimos juntos, mi coño chorreando su leche.

Amaneció. Ducha rápida, agua caliente lavando olores. ‘Ha sido perfecto, Ana. Sin nombres, sin promesas’. Beso en labios, puerta. Corrí al aeropuerto, anuncio de mi vuelo retumbando. Coño dolorido, sonrisa pícara. Equipaje a mano, y este recuerdo ardiendo dentro. ¿Quién sabe? Otro aeropuerto, otra escale…

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