Escala ardiente en el aeropuerto: mi polvo con un desconocido en el hotel

Estaba en el aeropuerto de Barcelona, escale eterna de seis horas antes de volar a Madrid. Cansada del viaje, me senté en el bar de la sala de embarque. Olor a café quemado, anuncios de vuelos retumbando: ‘Vuelo a París, puerta 15’. La clim fría me erizaba la piel. Pedí un cortado, y ahí lo vi. Un tío moreno, unos treinta, ojos oscuros y sonrisa pícara. Nuestras miradas chocaron. Él levantó la copa, yo sonreí. Dudé un segundo… ¿por qué no?

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Me acerqué, tacones resonando en el suelo. ‘Hola, ¿espera larga?’, dijo con acento andaluz. ‘Sí, joder, hasta las cinco de la mañana. ¿Tú?’. ‘Igual, vuelo a Sevilla. Hay un hotel al lado, habitaciones por horas. ¿Te apetece matar el tiempo?’. Sentí la adrenalina subir. Anonimato total, nos íbamos en horas, sin mañana. ‘Venga, vamos’, solté sin pensarlo. Cogimos las maletas pequeñas y salimos. El aire nocturno olía a avión y asfalto mojado.

El cruce de miradas en la sala de embarque

Llegamos al hotel cutre cerca de la terminal. Recepción desierta, llave magnética. Subimos. La habitación: camas con sábanas blancas impolutas, clim a tope, zumbido constante. Cerró la puerta y me besó con hambre. Manos por todas partes. ‘Quítate la falda’, murmuró. Me arranqué la ropa, él igual. Su polla ya tiesa, gruesa, venosa. La miré, mordiéndome el labio. ‘Joder, qué buena pinta’. Me tiré de rodillas en la alfombra áspera. La cogí con la mano, piel caliente, pulsando. Lamí el glande, salado, una gota pre-semen. ‘Mmm, chúpamela bien’. Abrí la boca, la metí hasta la garganta, babeando. Él gemía, ‘Así, guapa, trágatela toda’.

Me levantó, me tiró en la cama. Sábanas frescas contra mi piel sudada. Me abrió las piernas, olía mi coño depilado. ‘Estás empapada’. Metió dos dedos, girando, tocando el punto G. Grité bajito, ‘¡Fóllame ya!’. Sacó un condón del bolsillo, se lo puso rápido. Me penetró de una, dura, llenándome. ‘¡Joder, qué prieta!’. Embestía fuerte, cama crujiendo, mi culo rebotando. Cambiamos: yo encima, cabalgando, tetas saltando. ‘Córrete dentro’, jadeé. Él me dio la vuelta, a cuatro patas. Me azotó el culo, rojo al momento. ‘Te voy a romper el coño’. Polla entrando y saliendo, chapoteo de fluidos. Lamí sus huevos mientras follaba, olor musgoso. Sudor goteando, piel pegajosa.

El sexo brutal en la habitación con urgencia de vuelo

‘Quiero tu culo’, gruñó. Dudé, ‘Venga, pero despacio’. Escupió en mi ano, dedo primero, luego lengua. Sensación rara, placentera, cosquilleo. Condón nuevo, entró lento. Dolor al principio, luego placer puro. ‘¡Más fuerte!’. Me taladraba, mano en mi clítoris frotando. Me corrí gritando, coño contrayéndose. Él rugió, ‘Me vengo…’. Se sacó, leche caliente en mi espalda. Colapsamos, respirando agitados. ‘Ha sido brutal’, dijo riendo.

Sonó mi alarma: tres horas para el vuelo. ‘Tengo que irme’. Nos duchamos rápido, agua caliente escasa. Beso en la puerta, ‘Suerte en tu viaje’. Bajé sola, olor a sexo en mi piel. En la terminal, café de nuevo, anuncios: ‘Embarque Madrid, puerta 22’. Me fui con el coño palpitando, ese recuerdo ardiente en mi bagage de mano. Anonimato perfecto, placer sin cadenas.

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