Mi follada salvaje en la escala del aeropuerto con un desconocido

Estaba en escala en Madrid-Barajas, verano jodidamente caluroso. Sudaba bajo mi top blanco, fino, sin sujetador. El escote normalito, pero si me movía… uf, se veía todo. Olor a café quemado del bar, anuncios de vuelos retumbando: ‘Próximo embarque a París…’. Me pedí un gin-tonic, hielo chocando en el vaso.

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Él apareció de la nada. Alto, moreno, ojos que taladraban. Nuestras miradas se cruzaron mientras yo sorbía, pecho subiendo y bajando con la respiración. Sonrió, se acercó. ‘¿Escale larga?’, dijo con acento italiano. Asentí, riendo nerviosa. ‘Demasiado. ¿Y tú?’. Hablamos de viajes, de la mierda de esperas. Sentí su mirada bajando a mis tetas, que se marcaban libres bajo la tela. No me cubrí. Me gustó. ‘Hay un hotel al lado, cinco minutos. ¿Un rato de… libertad?’, murmuró. El corazón me latió fuerte. ‘Vale, ¿por qué no? Mi vuelo sale en cuatro horas’. Adrenalina pura, anonimato total. Nadie nos conocía.

El cruce de miradas en el bar de la sala de embarque

Caminamos rápido, mano en mi cintura. El aire acondicionado del lobby nos golpeó como un beso frío. Subimos, habitación impersonal: sábanas blancas crujientes, olor a limpio y a sexo pendiente. Cerró la puerta, me empujó contra ella. ‘Joder, qué tetas tan perfectas’, gruñó, manos ya dentro del top. Las sacó, blancas contra mi piel bronceada, pezones endureciéndose al instante. Chupó uno, mordió suave. Gemí, arqueándome. ‘Fóllame ya, no tenemos tiempo’, jadeé.

Sexo urgente y sin frenos en la habitación del hotel

Me tiró en la cama, falda arriba, braga a un lado. Su polla salió dura, gruesa, venosa. ‘Mírala, para ti’, dijo. La agarré, masturbándola mientras él me metía dedos en el coño, ya empapado. ‘Estás chorreando, puta viajera’. Entró de golpe, brutal. ‘¡Ahhh, sí, así!’, grité. Follando como animales, cama chirriando. Cambiamos: yo encima, tetas botando en su cara, él pellizcándolas. ‘Cabálgame, zorra’. Rebotaba, clítoris frotando su pubis, olor a sudor y coño mojado. Me dio la vuelta, a cuatro patas. Polla hundiéndose hasta el fondo, huevos golpeando mi culo. ‘Te voy a llenar’, rugió. Orgasmo me pilló desprevenida, temblando, chorros calientes. Él se corrió dentro, leche caliente inundándome. ‘Joder… increíble’, jadeamos, pegados, clim zumbando.

Sudados, exhaustos. Mirada al reloj: una hora volada. ‘Mi vuelo…’, susurré. Se vistió rápido. ‘Ha sido la mejor escala de mi vida’. Beso rápido, salí yo primero. En la terminal, anuncio: ‘Embarque a Barcelona’. Caminé con piernas flojas, coño goteando su semen en las bragas, tetas sensibles rozando la tela. Sonreí sola. Recuerdo quemándome en el equipaje de mano. Mañana, vida normal. Hoy, esta follada anónima. Uff.

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