Estaba en la sala de embarque del aeropuerto de Madrid, esperando mi vuelo a Barcelona. Escale de cuatro horas, qué coñazo. El aire olía a café quemado y a esos bollos rancios del bar. Anuncios de vuelos retumbando: ‘Vuelo IB-345 a París, puerta 12’. Me senté en la barra, pedí un gin-tonic. Él estaba al lado, alto, con gafas, sudado por el calor del viaje. Me miró de reojo, nervioso. Yo le devolví la mirada, directa, con una sonrisa pícara. ‘¿Vienes de lejos?’, le dije, voz baja. Él tartamudeó: ‘Eh, sí, de… de París. ¿Y tú?’. ‘Escala eterna. Me aburro’. Silencio. Sus ojos bajaron a mis tetas, apretadas en la blusa. El corazón me latía fuerte, esa adrenalina del viaje, nadie nos conoce, en unas horas me largo. ‘¿Tienes hotel cerca?’, pregunté. Él parpadeó. ‘No, pero… hay uno al lado del aeropuerto’. ‘Vamos’, dije, pagando las copas. Caminamos rápido, el frío de la noche, luces de aviones despegando. Check-in express, habitación impersonal, sábanas blancas crujientes, aire acondicionado zumbando como un ventilador viejo.
Entramos y ya estaba encima. Le empujé contra la puerta, besos hambrientos, lengua dentro, saboreando su saliva. ‘Joder, qué ganas’, murmuró él, manos torpes en mi culo. Le arranqué la camisa, mordí su cuello. Olía a colonia barata y sudor. Mi falda subió sola, bragas húmedas ya. ‘Fóllame ya, no tenemos tiempo’, le susurré al oído. Él me tumbó en la cama, sábanas frías contra mi piel caliente. Le bajé los pantalones, su polla saltó dura, gorda, venosa. ‘Mmm, qué pollón’, gemí, lamiéndola desde la base, bolas en la boca, chupando fuerte. Él jadeaba: ‘Dios, qué boca…’. Le tragué entera, garganta profunda, saliva goteando. Me puse a cuatro patas, coño expuesto, mojado, palpitando. ‘Métemela, hostia’. Entró de un empujón, polla abriéndome, llenándome hasta el fondo. ‘¡Sí, así, cabrón!’. Follando duro, cama chirriando, piel chocando. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones, yo arañándole la espalda. ‘Más fuerte, joder, rómpeme el coño’. Cambiamos, yo encima, cabalgando salvaje, clítoris frotando su pubis, jugos chorreando. Él me agarró el culo, dedos en mi ano, metiendo uno. ‘¡Ah, sí, métemelo por el culo también!’. Gemí alto, orgasmo subiendo, cuerpo temblando. Él gruñó: ‘Me corro…’. ‘Dentro, lléname de leche’. Explosión, semen caliente inundándome, yo corriéndome con él, contracciones apretando su polla.
La mirada en la sala de embarque y la decisión impulsiva
Sudados, jadeando, el reloj marcaba dos horas menos. ‘Mi vuelo en una hora’, dije, besándole. Él sonrió: ‘Ha sido… increíble’. Me vestí rápido, coño goteando su corrida, bragas puestas. ‘No nombres, no números. Adiós’. Bajamos, lobby vacío, olor a desinfectante. Afuera, shuttle al aeropuerto. Anuncio: ‘Vuelo a Barcelona, embarque inmediato’. Me senté en mi asiento, sonrisa tonta, ese ardor entre las piernas, semen secándose. Recuerdo quemándome en el equipaje de mano, listo para el próximo viaje.