Encuentro Torride en Escala: Follada de Puta en Hotel Aeropuerto

Estaba en escala en Barajas, Madrid. Cinco horas muertas antes del vuelo a Barcelona. Olor a café quemado por todos lados, anuncios de vuelos retumbando: ‘Última llamada para París…’. Me senté en el bar del hotel pegado al aeropuerto, aire acondicionado helado contra mi piel sudada del viaje. Vestido ligero, sandalias, nada de plan. Solo ganas de algo salvaje, anónimo. Ese rush de saber que en unas horas me largo y no hay mañana.

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Lo vi al fondo. Alto, barba de tres días, ojos que clavaban. Pidió una cerveza, yo un gin-tonic. Nuestras miradas se cruzaron. Sonrisa. ‘¿Escale eterna?’, dijo él, acento italiano. ‘Peor que eterna, mortal’, respondí riendo. Charlamos. Se llamaba Marco, de Milán, vuelo a Roma en cuatro horas. Solteros los dos, abiertos al juego. ‘¿Y si compartimos habitación? Solo unas horas libres’, soltó. Corazón latiendo fuerte. ‘Vale, pero yo mando. Hagamos un jueguito… ¿Pagarías por follarme como a una puta?’ Sus ojos se iluminaron. Subimos. Pasillo con moqueta sucia, luces fluorescentes parpadeando.

El mirada en el bar y la decisión loca

Chambre impersonal: sábanas blancas crujientes, mini nevera zumbando, cortinas que no cierran bien. ‘¿Cuánto por ti?’, preguntó mientras sacaba billetes del bolsillo. Reí, calor subiendo. ‘Depende de lo guarra que sea’. Me quité el vestido lento, quedé en tanga negra y sujetador. Olía a su colonia mezclada con el aire rancio. Me senté en el sillón de cuero, crujió bajo mi culo. Abrí piernas: ‘¿Te gustan las putas así de cochinas?’. Mi coño casi rapado, solo un hilito de vello. Dedos rozando el monte, labios hinchándose ya húmedos.

Él se acomodó en la cama, polla marcando en los pantalones. Me puse de rodillas en el sillón, retrasqué tanga: ‘¿Y este culo? ¿De monja o para follar duro?’. Eché nalgas atrás, abrí con manos. Roseta guiñando, coño chorreando. Gemí bajito, dedos deslizándose por la raja, glups húmedos. ‘Me pones cachonda… ¿Cuánto por no parar?’. Metí un dedo en el coño, saqué brillando, chupé: ‘Sabe a puta en celo’. Él jadeaba, mano en la bragueta.

La follada urgente y sin tabúes

Saqué champagne de la nevera, frío contra piel caliente. ‘Mira lo que hace tu puta’. Pierna sobre brazo sillón, goteo en vulva abierta. Empujé cuello botella, lento. ‘¡Joder, entra… mira cómo me abro’. Bruits chapoteos, coño tragando vidrio. Más adentro, girando, labios estirados rojos. ‘Es un túnel, eh… para tu polla gorda’. Él sacó verga, dura, venosa, pajéandose calmado. Yo aceleré: piernas tras codos, follándome con botella. ‘¡Duele rico! Abre mi chochito… míralo dilatado’. Gritos ahogados, sudor pegajoso en sábanas.

Basta. Dejé botella, resbaló jugosa. Me arrodillé ante él: ‘Ahora te acabo, cliente’. Bajé pantalones, polla saltó, olor a macho. Lamí huevos, tronco, glande salado. ‘¿Te chupa bien esta zorra? Quiero tu leche’. Boca llena, garganta profunda, mano apretando base. Él gruñó: ‘¡Puta madre!’. Bombeé feroz, saliva chorreando. Vino fuerte, chorros calientes tragados. Deglutí ruidosa, lamí resto: ‘Delicioso, amor…’. Polla latiendo aún.

Alarma sonó. Dos horas voladas. Él besó cuello: ‘Vuelve algún día’. Yo, coño palpitando, recogí vestido. ‘No hay mañana, eso es lo bueno’. Puerta, pasillo vacío. Anuncios vuelos otra vez. Subí avión, coño recordando botella, sabor esperma. Maleta con secreto ardiendo. Adrenalina pura, lista para más.

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