Escala ardiente: follada con un desconocido en el hotel del aeropuerto

Estaba en la sala de embarque, Madrid-Barajas, retraso de tres horas. El aire olía a café quemado y a esos desinfectantes baratos. Anuncios de vuelos por los altavoces, ‘pasajeros a París, puerta 15’. Yo, con mi copa de vino tinto en la mano, aburrida, piernas cruzadas, falda corta subiendo un poco. Sudor bajo las tetas por la humedad, aunque la clim ronroneaba.

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Lo vi. Alto, moreno, ojos verdes, sentado al otro lado, móvil en mano. Sonreía a la pantalla, como si viera algo sucio. Nuestras miradas chocaron. Eeeh, sí, ese chispazo. Él levantó la ceja, yo mordí el labio. Me acerqué al bar, pedí otro vino. Él se levantó, vino detrás. ‘¿Retraso también?’, dijo con acento francés. ‘Sí, joder, hasta las cinco’, respondí, riendo. Hablamos mierda: viajes, exes, lo que sea. Sentí su mirada en mis tetas, en mis muslos. ‘Hay un hotel al lado, cinco minutos’, murmuró. Corazón latiendo fuerte. ‘Venga, ¿por qué no? Mi vuelo sale pronto, tú igual’. Adrenalina pura, anonimato total. Nadie nos conoce, nos vamos en horas.

El cruce de miradas en la sala de embarque

Cogimos un taxi, cinco minutos eternos. Entramos en la habitación: impersonal, cama king con sábanas blancas crujientes, clim helada picando la piel. Puerta cerrada, clic. Nos besamos como lobos. Manos por todas partes. ‘Quítate todo’, gruñí. Él se desnudó rápido: polla tiesa, gruesa, venosa, apuntando al techo. La cogí, joder, caliente, palpitando. ‘Mmm, qué polla más rica’, dije lamiéndola desde la base. Él gemía, ‘chúpala, puta’. La tragué entera, garganta profunda, saliva chorreando. Él me tiró en la cama, sábanas frías contra mi culo caliente.

La follada brutal y la despedida

Me abrió las piernas, coño empapado, labios hinchados. ‘Mira cómo chorreas’, dijo metiendo dos dedos, follando adentro-fuera. Grité, ‘¡Sí, joder, más!’. Lamía mi clítoris, lengua áspera, chupando fuerte. Arqueé la espalda, tetas botando. Él las pilló, pellizcó pezones duros como piedras. ‘Estas tetas son perfectas’, masculló mordiendo uno, succionando hasta doler. Le subí encima, cabalgada salvaje. Polla entrando hasta el fondo, rebotando, coño apretándola. ‘¡Fóllame duro!’, jadeé. Sudor mezclado, olor a sexo crudo, piel salada. Misionero brutal: piernas en hombros, embestidas profundas, huevos golpeando mi culo. ‘Me voy a correr’, gruñó. ‘Dentro, lléname la concha’, supliqué. Eyaculó chorros calientes, yo exploté, contracciones, squirt mojando sábanas.

Quedamos jadeando, cuerpos pegajosos. ‘Ha sido… joder’, dijo riendo. Miré el reloj: 4:30. ‘Mi vuelo’. Ducha rápida, agua caliente lavando semen de mi coño. Nos vestimos, beso rápido. ‘Adiós, desconocido’. Bajamos, taxi de vuelta. Él a su puerta, yo a la mía. Anuncio: ‘Vuelo a Barcelona, embarque inmediato’. Me senté en el avión, coño palpitando aún, braguita húmeda. Sonrisa pícara. Ningún mañana, solo este fuego en mi maleta de mano.

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