Mi follada salvaje en la escala del aeropuerto

Estaba en escala en Barajas, Madrid. Vuelo retrasado cuatro horas. Agotada del viaje, pero con esa adrenalina de estar sola, lejos de todo. Me senté en el bar del aeropuerto, ese con olor a café quemado y donuts fritos. Anuncios de vuelos por los altavoces, cada dos por tres. “Vuelo EK147 a Dubai, puerta B32”. Frío de la clim, me pedí un gin-tonic para entrar en calor.

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Él estaba al lado, moreno, ojos intensos, unos cuarenta. Traje arrugado, como si viniera de un lío. Nuestras miradas se cruzaron. Sonreí, él también. Pidió otro gin. “¿Escale larga?”, me dijo con acento francés. Asentí, nerviosa. Hablamos tonterías: el jet lag, los aviones. Pero el roce de su rodilla contra la mía… uf. Sentí un cosquilleo en el coño. Le conté que adoraba el anonimato de los viajes, follar sin compromisos, sabiendo que en unas horas cada uno a su vida. Él sonrió, pícaro. “¿Hotel cerca? Tengo habitación en el de al lado, dos horas libres”. Dudé un segundo. ¿Por qué no? Mi coño ya palpitaba. “Vamos”.

El cruce de miradas en el bar

Caminamos rápido al hotel, shuttle gratis, luces de pista alumbrando. Recepción impersonnal, llave magnética. Subimos. Puerta cierra, clim helada, olor a limpio artificial. Draps blancos impecables, impersonales. Perfecto. Se abalanzó, beso salvaje, lengua dentro, manos por todas partes. Le arranqué la camisa. “Joder, qué ganas”, murmuró. Yo, mini falda de cuero que me había puesto para el viaje, sin bragas. Se la subí, dedo directo al clítoris. Estaba empapada. Gemí. “Lame mi coño”, le ordené, jadeando.

Me tiró en la cama, piernas abiertas. Boca caliente en mi raja, lengua fouillant, chupando jugos. Olía a mi excitación, salado, dulce. Le cogí la cabeza, empujando contra mí. “Sí, así, cabrón”. Polla dura contra mi muslo. La saqué, enorme, venosa. La mamé, profunda, saliva goteando. Él gruñía. Capote del bolsillo, previsora yo. Se la puse, me puso a cuatro patas. Entró de golpe, polla gruesa abriendo mi coño. Follando duro, cama crujiendo. “¡Me follaaas!”, grité. Manos en mis tetas, pellizcando pezones. Sudor mezclado, piel pegajosa. Cambiamos: yo encima, cabalgando, coño tragando su verga hasta las bolas. Él, dedos en mi culo, metiendo uno. Orgasmos cerca. “Me corro”, dijo. Yo ya explotaba, coño contrayéndose, chorros de placer. Él eyaculó dentro del condón, gruñendo como animal.

El polvo urgente en la habitación

No paramos. Descanso corto, besos. Me hizo pija contra la ventana, luces de aviones despegando. Me arrodillé, polla otra vez tiesa. La chupé hasta que volvió a follarme, esta vez contra la pared. Urgencia total, mi vuelo en una hora. “Rápido, fóllame el coño”, le supliqué. Sudor, gemidos, olor a sexo. Corrimos los dos, él llenando el capote, yo temblando piernas.

Ducha rápida, agua caliente lavando fluidos. Beso fugaz. “Ha sido brutal”, dijo sonriendo. Bajamos, shuttle de vuelta. Anuncios: mi vuelo embarcando. Me fui con el coño dolorido, sonrisa pícara. Maleta a mano, ese recuerdo ardiente dentro. Ningún nombre, solo placer puro. Mañana, otro vuelo, otra yo. Pero esto… uf, quema todavía.

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