Escale ardiente en el aeropuerto: mi polvo anónimo con un desconocido

Estaba jodida. Mi vuelo retrasado cuatro horas en Barajas. Olor a café quemado por todos lados, anuncios de vuelos retumbando: ‘Última llamada para París…’. Me senté en el bar de la terminal, con una caña en la mano, pensando en mi ex, ese cabrón que me dejó tiesa después de perderlo todo en el póker. Nervios a flor de piel, necesitaba distraerme.

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Lo vi de reojo. Alto, moreno, ojos que taladraban. Pidió un whisky, nuestras miradas se cruzaron. Sonrisa pícara. ‘¿Española?’, me dijo con acento italiano. ‘Sí, de Madrid, pero volando a México por curro’. Charlamos. Él en escala a Roma. ‘Estas esperas matan, ¿no?’. Reí. ‘Mejor que mate el tiempo de otra forma’. Silencio cargado. El aire acondicionado helado erizaba mi piel bajo la blusa fina.

El encuentro en el bar del aeropuerto

‘¿Hotel cerca?’, solté. Él arqueó la ceja. ‘Shuttle gratis al Hilton del aeropuerto. Dos horas libres’. Corazón latiendo fuerte. Adrenalina del viaje: nadie nos conoce, nos vamos en un rato, puro placer sin mañana. ‘Vámonos’, dije. Manos rozándose en el shuttle, su aliento en mi cuello.

Llegamos a la habitación. Draps blancos impolutos, olor a limpio y desinfectante. Puerta cerrada, y ya. Me empujó contra la pared, besos salvajes, lengua invadiendo mi boca. ‘Quiero follarte ya’, gruñó. Le arranqué la camisa, palpé su polla dura bajo los pantalones. ‘Dios, qué pedazo’. La saqué, venosa, palpitante. Me arrodillé, lamí el capullo salado, tragué hasta la garganta. Él gimiendo: ‘Joder, qué boca…’. Chupé fuerte, bolas en la mano, saliva chorreando.

El polvo brutal en la habitación del hotel

Me levantó, tiró en la cama. Blusa rota, sujetador fuera. Mordió mis tetas, pezones duros como piedras. ‘Tu coño, dámelo’. Bajó mis bragas, húmedas ya. Dedos dentro, frotando el clítoris. ‘Estás empapada, puta’. Gemí: ‘Fóllame, rápido, no tenemos tiempo’. Condón puesto en segundos. Entró de golpe, polla gruesa abriéndome en canal. ‘¡Ahhh, sí! Más fuerte’. Embestidas brutales, cama crujiendo, piel contra piel chapoteando.

Cambié posición, a cuatro patas. ‘Métemela por el culo si quieres’. Dudó un segundo: ‘¿Segura?’. ‘Sí, cabrón, rómpeme’. Lubricante del neceser, capullo presionando mi ano. Dolor placer, entró despacio, luego salvaje. ‘Tu culo es mío’, jadeó. Me follaba como un animal, mano en mi clítoris, orgasmo explotando: ‘¡Me corro, joder!’. Él gruñendo, acelerando. ‘Voy a llenar el condón’. Sacó, quitó goma, leche caliente en mi espalda, chorros interminables.

Sudados, jadeantes. Mirada de ‘ha sido brutal’. Anuncio de vuelo en la tele: ‘Embarque en 30 minutos’. ‘Debo irme’, dije. Beso rápido, sin nombres completos. ‘Gracias por el mejor polvo de mi vida’. Él: ‘Vuelve a Italia algún día’. Bajé al lobby, shuttle de vuelta, coño palpitando, culo dolorido, sonrisa en la cara. Vuelo despegando, ese recuerdo quemándome en el equipaje de mano. Anonimato perfecto, adiós sin remordimientos.

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