Mi Escala Torride en el Aeropuerto: Follando con un Desconocido

Estaba en escala en Barajas, Madrid. Vuelo retrasado tres horas. El aire olía a café quemado y a esos bollos grasientos del bar. Anuncios de vuelos por los altavoces, cada dos minutos. ‘El vuelo EA-247 con destino a Sevilla…’. Me senté en un taburete alto, piernas cruzadas, falda corta subiendo un poco. Sudor en la nuca por el calor de la sala.

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Lo vi entrar. Alto, barba de tres días, camiseta ajustada. Un tatuaje asomaba por la manga: un mariposa, negro y naranja, realista. Me miró. Yo le devolví la mirada, sin pestañear. Sonrisa lenta. Pidió un whisky. Yo, un gin-tonic. ‘¿Escale eterna?’, dijo, voz grave, acento francés quizás. ‘Sí, y tú?’, respondí, mordiéndome el labio. Hablamos. Él, fotógrafo de viaje, volviendo de África. Yo, a Barcelona por trabajo. ‘Miro aves raras’, dijo, riendo. ‘Yo miro lo que vuele’, contesté, guiñando.

El Regalo Cruzado en la Sala VIP

El alcohol subía. Anuncios retumbando. ‘Última llamada para París…’. ‘¿Hotel cerca?’, pregunté. ‘Cinco minutos andando. Dos horas libres antes de mi vuelo’. Adrenalina en el estómago. Anonimato total. Nadie nos conoce. Nos fuimos juntos, riendo bajito, su mano rozando mi culo en el ascensor del parking.

La habitación del hotel era impersonal. Clim ronroneando, frío en la piel. Draps blancos crujientes, olor a desinfectante. Puerta cerrada, candado echado. ‘No hay mucho tiempo’, dije, quitándome la blusa. Él me empujó contra la pared. ‘Te follo ya’, gruñó. Beso salvaje, lengua invadiendo. Manos por todas partes. Me bajó la falda, tanga al suelo. Dedos en mi coño, ya mojado. ‘Joder, estás chorreando’, murmuró.

El polvo urgente en la habitación fría

Lo puse de rodillas. ‘Chúpame primero’. Lengua en mi clítoris, succionando fuerte. Gemí, agarrando su pelo. ‘Más adentro… sí, así’. Dos dedos metidos, bombeando. Me corrí rápido, piernas temblando, olor a sexo llenando la habitación. Él se levantó, polla dura saliendo del pantalón. Gruesa, venosa. ‘Chúpala’, ordenó. La tragué entera, saliva goteando. Vaivenes en su boca, él gimiendo. ‘Buena puta de aeropuerto’.

Lo tiré en la cama. Preservativo puesto con dientes. Me subí encima, coño tragándosela hasta el fondo. ‘¡Fóllame duro!’, grité. Reboté, tetas saltando. Él pellizcaba pezones, mordía mi cuello. Cambiamos: yo a cuatro patas, él detrás, embistiendo como animal. Polla golpeando cervix, huevos contra mi culo. ‘Tu coño aprieta… me corro’. ‘Dentro, joder, lléname’. Eyaculó fuerte, yo otra vez, gritando con la almohada en la boca. Sudor pegajoso, clim helado contrastando.

Anuncios lejanos se oían por la ventana entreabierta. Su vuelo en una hora. Nos duchamos rápido, agua caliente quemando pieles enrojecidas. ‘Ha sido brutal’, dijo, besándome. ‘Sin nombres, sin números’. Vestida ya, maleta en mano. Puerta abierta, pasillo vacío. ‘Vuela alto, mariposa’, susurró, guiñando al tatuaje. Sonreí, corazón acelerado. Bajé al aeropuerto, check-in, embarque. Asiento 14A, despegue. Ese polvo quema en mi memoria, bagaje a mano invisible.

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