Estaba en el aeropuerto de Madrid, escale de tres horas antes de mi vuelo a Barcelona. Cansada del viaje, olor a café quemado por todos lados, anuncios de vuelos retumbando: ‘Última llamada para París…’. Me senté en el bar del hotel anexo, aire acondicionado helado erizándome la piel. Pedí un gin-tonic, fuerte, para entrar en calor.
Él apareció de repente. Alto, moreno, unos cuarenta, ojos hambrientos. Vestía camisa ajustada, pantalón de viaje. Nuestras miradas se cruzaron… uf, chispa inmediata. Se acercó, sonrisa pícara: ‘¿Escale eterna? Yo tengo cuatro horas hasta Nueva York’. Hablamos. Se llamaba Marco, piloto de carga, soltero, adicto al anonimato de los aeropuertos. ‘Aquí nadie nos conoce, ¿verdad?’, dijo, rozando mi mano. Yo, abierta como siempre, sentí el cosquilleo. ‘Mi habitación está arriba, media hora de libertad antes de que suene el embarque’. Dudé… no, qué coño, la adrenalina del ‘sin mañana’ me encendió. ‘Vámonos’, le susurré.
El cruce de miradas en el bar del aeropuerto
Subimos al ascensor, silencio cargado. Olía a su colonia mezclada con café. La habitación impersonal: sábanas blancas crujientes, clim frigida haciendo pezones duros. Cerró la puerta, me empujó contra ella. ‘Joder, qué ganas’, murmuró besándome el cuello. Le arranqué la camisa, manos en su pecho duro. ‘Desnúdate’, ordené, voz ronca. Se quitó todo, polla ya tiesa, gruesa, venosa. Dios… ‘Mira lo que me haces’, dijo meneándola.
Yo me quité el vestido rápido, braga empapada. ‘Ven aquí, cabrón’. Lo tiré en la cama, me subí encima. Su boca en mis tetas, chupando pezones como loco. ‘¡Sí, así!’. Bajé, lamí su polla desde huevos hasta capullo, salado, palpitante. ‘¡Cojones, qué boca!’. La tragué entera, garganta profunda, él gimiendo: ‘Para, o me corro ya’. No, quería más. Me puse a cuatro, culo en pompa: ‘Fóllame ya, no tenemos tiempo’.
La follada urgente antes del vuelo
Entró de un golpe, coño chorreando. ‘¡Qué apretada estás, puta!’. Embestidas brutales, cama chirriando, piel sudada pegándose. Anuncios de vuelos de fondo: ‘Vuelo a Barcelona en una hora’. ‘Más fuerte, rómpeme’, grité. Me dio la vuelta, piernas en hombros, polla hundiéndose hasta el fondo, golpeando cérvix. Dedos en mi clítoris, frotando salvaje. ‘¡Me vengo, joder!’. Explosé, contracciones ordeñándolo. Él no paró, me volteó bocabajo, ano expuesto. ‘¿Quieres por detrás?’. ‘Sí, lubrica y métela’. Escupió, empujó lento… duele rico. ‘¡Hostia, qué culo virgen!’. Follando mi ojete, mano en coño, orgasmo doble me dejó temblando.
‘Ahora tú’, jadeé. Lo monté, cabalgando como loca, tetas botando. Sudor goteando, olor a sexo crudo. ‘Córrete dentro, lléname’. Rugió, polla hinchada, chorros calientes inundándome. Nos derrumbamos, respirando agitados, cuerpos pegajosos en sábanas revueltas.
Sonó mi alarma: ‘Vuelo en 30 minutos’. Se levantó primero, beso rápido: ‘Ha sido brutal, anónima perfecta’. Me vestí a prisa, coño goteando su leche, braguita recogiendo todo. ‘Sin números, sin nombres reales’, dije sonriendo. Bajé al aeropuerto, anuncio: ‘Embarque Barcelona’. Él ya en su puerta. Me fui con el recuerdo ardiendo en mi equipaje de mano, sonrisa pícara, sabiendo que mañana otro vuelo, otra escale… otra follada inolvidable.