Mi Escala Ardiente: Follada Salvaje con un Desconocido en el Hotel del Aeropuerto

Estaba en el aeropuerto de Madrid, escale de cuatro horas. Vuelo a Barcelona retrasado, joder. Me senté en el bar, olor a café quemado por todos lados, anuncios de vuelos retumbando: ‘Vuelo EK147 a Dubái, puerta 23’. Sudor pegajoso del viaje, pero excitada por lo anónimo. Soy así, los aeropuertos me ponen cachonda, nadie te conoce, te vas en nada.

Lo vi entrar. Alto, más de 1,80, pelo rizado oscuro revuelto, camisa con tres botones abiertos, sin alianza. Víctor, me dijo después. Timido, sonrisa torpe. Nuestras miradas se cruzaron. Uf… fuego. Pidió un café, se sentó al lado. ‘¿Escala larga?’, preguntó, voz grave. ‘Sí, cuatro horas muertas’, respondí, rozando su brazo al pasar el azúcar. El aire acondicionado helado erizaba mi piel bajo el vestido ligero.

La Mirada en el Bar y la Decisión Rápida

Charlamos. Él de Barcelona también, ingeniero, soltero. Yo, casada pero abierta, madre, pero en viajes soy libre. ‘¿Y si matamos el tiempo en un hotel aquí al lado?’, soltó de repente, rojo como un tomate. Dudé… dos segundos. ‘Venga, sin promesas’. Adrenalina pura. Cogimos las maletas de mano, taxi rápido al hotel cutre cerca del aeropuerto. Check-in express, habitación impersonal, sábanas blancas crujientes, zumbido de la clim.

La puerta se cerró. Nos miramos, jadeando ya. ‘Eres preciosa’, murmuró, acercándose. Lo besé primero, labios secos por nervios, su lengua caliente invadiendo mi boca. Manos everywhere. Le arranqué la camisa, piel suave, glabra, sin un pelo. Olía a colonia fresca y sudor leve. Me levantó el vestido, tiró de mis bragas negras. ‘Estás empapada’, gruñó, dedo rozando mi coño.

Caí de rodillas, desabroché su pantalón. Polla dura saltó fuera, venosa, gorda, glande morado chorreando. ‘Joder, qué pedazo’, gemí. La chupé ansiosa, lengua alrededor, bolas pesadas en mi mano. Él enredó dedos en mi pelo: ‘Para… no aguanto’. Me puso en la cama, piernas abiertas. Boca en mi coño, lamida larga por la raja. ‘¡Sí, ahí!’, grité. Lengua en el clítoris, dos dedos dentro, follando mi humedad. Temblaba, olor a sexo mezclado con su café.

El Polvo Brutal Bajo la Climatización Fría

Orgasmó me pilló rápido, arqueándome en las sábanas frías. ‘No pares’, supliqué. Sacó un condón del bolsillo, crujió el paquete. Me puso a cuatro patas, nalgas al aire. ‘Te voy a follar fuerte’, avisó. Entró de golpe, polla rellenándome. ‘¡Ay, coño!’, aullé. Golpes secos, huevos contra mi clítoris. Mano en mi teta, pellizcando pezón. Sudor goteando, clim zumbando, anuncios lejanos de vuelos.

Me giró, misionero salvaje. Piernas en sus hombros, embistiéndome profundo. ‘Me corres dentro’, jadeé, aunque con goma. Clítoris frotado por su pubis, segundo orgasmo explotando, uñas en su espalda. Él gruñó, tenso: ‘Me vengo…’. Espasmos, polla latiendo. Se retiró, quitó el condón, leche chorreando.

Me limpié su polla con la lengua, salada y blanda. Nos vestimos rápido, risas nerviosas. ‘Ha sido brutal’, dijo, besándome suave. Miré el reloj: dos horas volando. ‘Mi vuelo’, susurré. Abajo, en recepción, cafés exprés. ‘Sin números, ¿eh?’, sonreí. Él asintió, ojos brillantes. Taxi al aeropuerto, yo con coño palpitante, braguita húmeda.

Embarqué con su sabor en la boca, olor a sexo en la piel. Recuerdo quemando en mi bolso. Mañana, vida normal. Pero esto… uf, repetible.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top