Estaba en el aeropuerto, vuelo retrasado tres horas. Olor a café quemado por todos lados, anuncios de vuelos retumbando… ‘Atención, vuelo a Madrid…’ La clim fría me ponía la piel de gallina. Decidí ir al hotel de al lado, uno de esos impersonales para escalas. Me puse una falda negra ajustada, escotada, sin bragas debajo. Adoro esa adrenalina, saber que en unas horas me voy y no hay mañana.
En el bar del lobby, semi vacío, pedí un gin-tonic. Él se sentó al lado. Alto, mirada pícara, camisa abierta mostrando pecho. ‘¿Escale también?’, me dijo con acento francés. Sonreí, crucé las piernas, sintiendo el aire fresco en mi coño. Charlamos, risas, roces casuales. De repente, oí una risa fuerte. Una morena voluptuosa, tetas enormes, vestido rojo ceñido que no escondía nada. Ojos grandes, labios carnosos, como de porno. Nos miraba fijo, bebiendo vino.
El Cruce de Miradas en el Bar del Hotel
Su amiga la empujó riendo hacia la pista improvisada del bar, música latina sonando bajito. La morena se levantó, meneando caderas, se tocó las tetas, bajó la mano al coño por encima de la tela. Se frotó contra una columna como si fuera una polla. Me mojé al instante. Puse la mano en el muslo de él, subí hasta su paquete duro. ‘¿Te empalma?’, le susurré. ‘Joder, sí’, respondió, apretándome la teta.
Ella terminó su show, vino directo. ‘Buenas noches… ¿Queréis ver mi habitación? Tengo vistas al aeropuerto’. Su sonrisa cómplice. Asentimos, corazón latiendo fuerte. Caminamos por el pasillo, alfombra mullida, olor a desinfectante y su perfume dulce.
En su habitación, luces tenues, clim zumbando, sábanas blancas crujientes. ‘Quítate la ropa, puta’, me ordenó a mí, voz firme. Me temblaron las piernas, pero obedecí, fingiendo sorpresa. Él nos miraba, polla ya fuera, pajéandose. Ella se puso detrás, me acarició la espalda, apretó mis tetas, pellizcó pezones duros. ‘Mmm… buena chica’. Se arrodilló, besó mis nalgas, lengua rozando mi culo. Gemí, abrí piernas.
Me llevó a la pared, usó su cinturón para atarme las manos arriba. Culo al aire, expuesto. Lo acarició, dio una nalgada. ‘¿Te gusta, zorra?’ ‘Sí… duele rico’. Otra palmada, más fuerte, mi piel rosada. ‘Sí, señora’. Metió dedos en mi coño chorreante, luego en el culo. Me lamió el ojete, joder, qué lengua experta. Saqué gemidos ahogados.
La Follada Brutal y la Despedida Rápida
Fue al cajón, sacó un vibrador nuevo, lo abrió. ‘Tu culo lo pide’. Escupió, abrió mis nalgas y ¡zas!, me lo clavó entero. Grité, placer y sorpresa. ‘¡Me encanta el plug en el culo!’, balbuceé mientras lo movía dentro-fuera. Él se pajeaba furioso, tetas de ella botando al ritmo. Mi culo se tragaba el juguete, coño goteando.
Lo sacó. ‘Necesitas más castigo’. Nalgadas rápidas, luego fisting: dedos en coño, uno en culo. Me corrí gritando, body temblando, jugos por sus manos. Él no aguanta, nos arrodillamos. ‘Córrete en nuestras caras’. Eyaculó chorros calientes, semen viscoso en tetas, caras. Ella lamió el suyo, me besó pasándome su leche, tragué ansiosa.
‘Ducha’, dijo. Corrimos desnudos por pasillo, miradas de otros huéspedes. En la ducha italiana, ella pisó fuerte, chorro dorado crepitando. Nos lavamos, cuerpos resbalosos. Él se puso cachondo otra vez. Condón on, ella guió su polla a mi coño en perrito. ‘¡Fóllala duro!’. Me corrí rápido. Luego a ella: ‘Encula mi culo’. La penetró, yo chupé sus tetas lecheras, me toqué el clítoris. ‘¡Rómpemelo!’. Él salió, yo la chupé hasta que explotó en mi boca. Le escupí semen a ella en beso.
A las 5 am, anuncios de vuelos otra vez. Nos vestimos rápido. ‘Fue brutal’, dijo ella. Él sonrió. Abrazos, besos salados. Salí con mi maleta, coño dolorido, recuerdo ardiendo. Vuelo despegando, sonrisa pícara. Mañana, otro destino, otra aventura.