Estaba en el aeropuerto de Madrid, escale de cuatro horas por un vuelo retrasado. Lluvia torrencial afuera, olor a café quemado flotando en el bar. Anuncios de vuelos retumbando: ‘Pasajeros a Barcelona, puerta 15’. Me senté en la barra, sudada por el viaje, con mi copa de vino tinto. Él apareció: alto, ojos oscuros, chaqueta de cuero. Nuestras miradas se cruzaron. Sonrisa. ‘¿Escale eterna?’, dijo. ‘Sí, joder, hasta las tres de la mañana’, respondí riendo.
Charlamos. Se llamaba Marco, de paso a Roma. Soltero, aventurero. Sentí esa chispa, el anonimato del aeropuerto. Nadie nos conocía. ‘¿Y si matamos el tiempo en un hotel aquí al lado?’, propuse, corazón acelerado. Dudó un segundo. ‘Venga, por qué no. Solo unas horas’. Pagamos rápido, salimos bajo la lluvia al shuttle. El hotel era impersonal: luces frías, clim congelada, olor a desinfectante.
La mirada que lo cambió todo en la sala de espera
En la habitación, draps blancos crujientes, maletas abiertas. ‘Mira, traje mis juguetes para el viaje’, dije sacando la bolsa: lencería sexy que compré en duty-free. Braguitas abiertas, tanga latex negro, sujetador con aberturas, un plug y mi strap-on discreto. ‘¿Jugamos? Adivina qué me pongo yo. Si aciertas, me quito algo. Si no, tú’. Se rió. ‘Vale, pero con cava del minibar’. Brindamos, burbujas frías en la garganta.
Empecé con el sujetador negro latex. ‘¿Para tus tetas grandes?’, dijo tocándome. ‘¡Acertaste! Quítate la camisa’. Piel caliente bajo mis dedos. Luego la tanga abierta. ‘Para ti, para follar sin quitarla’. Camiseta fuera, pantalón bajando. Polla ya medio dura bajo el bóxer. ‘Ahora el strap-on… ¿para mí?’. Dudé. ‘Eh… sí, pero primero quítate todo’. Desnudo, erecto. Lo até suave a las muñecas con mi bufanda. ‘Puni para perdedores’, susurré.
El juego prohibido que acabó en éxtasis salvaje
Lo puse de rodillas en la cama, culo al aire. Clim zumbando, luces neón parpadeando. Lubriqué su ano con gel frío, goteando por sus huevos. ‘Relájate, desconocido’. Dedo primero, luego dos, entrando suave. Gemía: ‘Joder, qué rico…’. Metí tres, masajeando próstata. Polla goteando precum. Cogí el strap-on, me lo até. Grueso, negro, venoso. ‘Ahora te follo yo el culo, como tú soñabas’. Empujé lento, cabeza abriendo su roseta. ‘¡Ah, coño! Duele… pero sigue’. Entré profundo, chocando próstata. Follando fuerte, slap slap de carne.
Una mano en sus huevos, apretando. Otra pellizcando pezones. ‘Bebe cava, cerdo’. Vertí en su boca, él tragando. Aceleré, culo tragándome el strap entero. ‘¡Me corro!’. Semen blanco salpicando draps, grito ahogado. Lo saqué, semen por su muslo. Me quité el arnés, monté su cara. ‘Lámeme el coño, limpia’. Lengua ansiosa en mi clítoris hinchado, jugos chorreando. Follando su boca hasta correrme, temblando.
Desaté, abrazados sudorosos. ‘Eres una diosa’, murmuró. Miré reloj: mi vuelo en una hora. Ducha rápida, jabón neutro borrando olores. ‘Sin nombres reales, sin mañana’. Beso salado en labios. Él a su puerta, yo al shuttle. Anuncios retumbando de nuevo. En el avión, coño palpitando, recuerdo quemando en mi mente. Mejor bagaje de mano ever.