Estaba en el aeropuerto de Barajas, escala eterna por un vuelo retrasado. Madrid, tres de la mañana. El olor a café quemado del bar me mantenía despierta. Anuncios de vuelos por los altavoces, ‘pasajeros a París, puerta 15’. Me pedí un cortado, sentada en la barra, piernas cruzadas, falda corta porque el calor del sur me persigue.
Lo vi de reojo. Alto, barba descuidada, vaqueros ajustados, camiseta negra que marcaba pecho. Parecía un mochilero francés o algo, ojos verdes que clavaban. Nuestras miradas se cruzaron. Sonrió, pícaro. ‘¿Española?’, preguntó con acento. ‘Sí, de Sevilla. ¿Y tú?’. ‘De Lyon, volando a México’. Charlamos. Risas. El retraso nos unía. ‘Tengo cuatro horas libres’, dije. Él: ‘Yo tres. ¿Hotel cerca?’. El corazón me latió fuerte. Adrenalina del viaje, anonimato total. ‘Vámonos’.
El mirada que lo cambió todo en la sala de espera
Taxi rápido, cinco minutos al motel de las afueras. Recepción impersonal, llave magnética. Entramos. Aire acondicionado helado, piel de gallina. Sábanas blancas crujientes, olor a detergente barato. Ventana con vistas a las luces de pista, aviones rugiendo.
Nos besamos ya en la puerta. Urgente, bocas hambrientas. Sus manos en mi culo, apretando fuerte. ‘Joder, qué rica’, murmuró. Le arranqué la camiseta, pezones duros. Bajé los vaqueros, polla saltando, gruesa, venosa, cabezota roja. ‘Mmm, qué pedazo’. Me arrodillé, lamí desde huevos hasta punta. Salado, caliente. La chupé hondo, garganta apretada, él gimiendo ‘puta madre, sí así’. Babas cayendo, ojos en los suyos.
Me tiró a la cama, falda arriba, bragas a un lado. Dedos en mi coño, ya empapado. ‘Estás chorreando, zorra’. Lengua experta, lamiendo clítoris, dos dedos dentro, curvados. Gemí alto, ‘¡joder, no pares!’. Caderas bailando, orgasmo rápido, jugos en su barba.
El polvo brutal en la habitación con vistas al despegue
‘Ahora fóllame’, supliqué. Se puso condón, me abrió piernas. Polla entrando de golpe, llena, estirándome. ‘¡Ay, coño!’. Embestidas brutales, cama chirriando. Pechos rebotando, sudor mezclándose. Cambiamos, yo encima, cabalgando salvaje, polla tocando fondo. ‘Más duro’, grité.
‘¿Quieres por detrás?’, jadeó. Sí, el culo. Lubricante del neceser, dedo primero, luego dos. Dolor placer. Polla empujando lento, luego salvaje. ‘¡Qué culo apretado, me corres!’. Me follaba anal como animal, nalgas rojas de palmadas. Grité, segundo orgasmo, él gruñendo, llenando condón.
Caímos exhaustos, respirando agitado. Reloj: dos horas. Ducha rápida, agua caliente, besos suaves. ‘Ha sido brutal’, dijo. ‘Sin nombres, sin mañana’. Sonreí, vistiéndome. Bajamos, taxi de vuelta. En la terminal, último beso. ‘Buen viaje’. Corrí a mi puerta, cuerpo dolorido, coño palpitando. Vuelo despegando, recuerdo quemándome en el equipaje de mano. Ese polvo anónimo, lo llevo siempre.