Estaba en ese hotel cutre al lado del aeropuerto de Barajas, escale de seis horas antes de mi vuelo a México. El bar olía a café quemado y a desinfectante barato. Anuncios de vuelos retumbaban: ‘Última llamada para el vuelo IB- whatever a París’. La clim fría me ponía la piel de gallina bajo el vestido ligero. Me pedí un gin-tonic, aburrida, pensando en masturbarme en la habitación impersonal.
Entonces lo vi. Alto, moreno, ojos oscuros como el pecado. Sentado solo, con una cerveza, mirada perdida en el móvil. Nuestros ojos se cruzaron. Un segundo. Dos. Él sonrió, esa sonrisa lobuna. Me mordí el labio. ¿Por qué no? Mañana me voy, cero consecuencias. Me acerqué, tacones clic-clac en el suelo pegajoso.
La Mirada que lo Cambió Todo en el Bar
—Hola… ¿esperando vuelo? —le dije, voz ronca por el jet lag.
—Sí, a Nueva York en cinco horas —murmuró, acento italiano sexy—. Tú?
—México al alba. Tiempo de matar.
Sus dedos rozaron los míos al pasarme la cerveza. Electricidad. Hablamos poco: trabajos, viajes. Pero sus ojos me follaban ya. ‘¿Subimos?’, susurró. Asentí, corazón latiendo fuerte. Adrenalina pura, ese rush de lo prohibido.
La habitación era un horno pese a la clim zumbante. Draps blancos crujientes, olor a lejía. Cerró la puerta, me empujó contra ella. Sus labios devoraron los míos, lengua invasora, sabor a cerveza y menta. Manos everywhere: subiendo mi vestido, apretando mi culo.
—Joder, qué tetas —gruñó, bajando el escote, chupando un pezón duro como piedra.
Gemí, arqueándome. Le arranqué la camisa, piel caliente, músculos tensos. Bajé la cremallera: polla gruesa, venosa, ya tiesa. La agarré, bombeé fuerte. ‘Mámamela’, jadeó. Me arrodillé, suelo frío en las rodillas. Boca abierta, lengua lamiendo el glande salado. La tragué hasta la garganta, babeando, él gimiendo: ‘Sí, puta guarra…’. Me follía la boca, caderas empujando.
Follada Salvaje con el Tiempo en Contra
No aguantó. Me levantó, tiró en la cama. Vestido rasgado, braga arrancada. Coño empapado, clítoris hinchado. Dos dedos dentro, bombeando: ‘Estás chorreando’. Lamida rápida, lengua girando en mi botón. Grité, orgasmazo rápido, piernas temblando.
—Fóllame ya —rogué, desesperada.
Sin condón, directo. Polla abriéndome, gruesa, llenándome. ‘¡Joder, qué prieta!’, rugió. Embestidas brutales, cama chirriando. Yo clavándole uñas en la espalda: ‘Más duro, cabrón’. Muda de perrito, polla martilleando mi coño, bolas golpeando clítoris. Sudor goteando, olor a sexo crudo. Anuncios de vuelos lejanos: ‘Embarque vuelo a…’.
Me volteó, misionero salvaje. Piernas en hombros, polla tocando fondo. ‘Me corro…’, avisó. ‘Dentro, lléname’. Chorros calientes inundándome, gemido animal. Yo vine otra vez, coño contrayéndose, chorros míos mojando sábanas.
Quedamos jadeando, cuerpos pegajosos. Mirada cómplice, sin palabras. Hora: 4 AM. Su vuelo en una hora, el mío en dos.
—Ha sido… inolvidable —dijo, besándome suave.
—Sí. Buen viaje.
Se vistió rápido, beso en la puerta. Olía a él, a nosotros. Volví a mi cama, coño dolorido, semen goteando. Ducha rápida, maleta. En el embarque, anuncio retumbando, sonrisa pícara. Recuerdo quemándome en el avión. El mejor souvenir de mano.