Estaba en el aeropuerto de Madrid, vuelo a Barcelona retrasado tres horas. El olor a café quemado del bar me mareaba un poco, mezclado con el pitido constante de los anuncios de vuelos. ‘Próximo embarque, vuelo IB-345 a París’. Me senté en la barra, piernas cruzadas, falda corta subiendo un poco. Sudor pegajoso por la humedad, aire acondicionado flojo. Entonces lo vi. Ojos azules que no pegan con un español, cuerpo atlético bajo la camisa ajustada. Me miró fijamente, sonrisa ladeada. Yo le devolví la mirada, mordiéndome el labio. ¿Turista? ¿Piloto? Da igual. ‘¿Café? Yo invito’, dijo con acento raro, sentándose al lado. Hablamos poco, roces casuales de rodillas. ‘Mi hotel está a dos minutos, escalas eternas matan el tiempo’, murmuró. Sentí el cosquilleo. ‘Vámonos, no hay mañana’, respondí. Adrenalina pura, anonimato del viaje. Caminamos rápido, su mano en mi cintura, el ruido de aviones rugiendo afuera.
La habitación era impersonal, sábanas blancas crujientes, clim frigida erizando la piel. Ni besos tiernos. Puertas cerradas, me empujó contra la pared. ‘Quítate todo’, gruñó. Yo tiré la falda, sujetador volando. Sus manos ásperas en mis tetas, pellizcando pezones duros. ‘Joder, qué cojones tienes’, jadeó. Le bajé el pantalón, polla tiesa saltando, gruesa, venosa. La agarré, chupé la punta, salada. Él gemía, ‘Mamá, trágatela entera’. La metí hasta la garganta, babeando, él me follaba la boca. Me levantó, piernas abiertas en la cama. Dedos en mi coño empapado, ‘Estás chorreando, puta cachonda’. Entró de golpe, polla abriéndome, dolor-placer. ‘¡Fóllame fuerte, cabrón!’, grité. Golpes secos, cama chirriando, sudor goteando. Cambiamos, yo encima, cabalgué como loca, tetas rebotando, clítoris frotando. Él me azotó el culo, ‘Más rápido, zorra’. Volteó, perrito, tirando pelo, polla machacando profundo. Orgasmo me partió, coño apretando, gritando su nombre falso. Él sacó, leche caliente en mi cara, boca abierta tragando.
La mirada que lo cambió todo en la sala de espera
No paramos. Segunda ronda, él lamiéndome el culo, lengua en el ano, dedos en coño. ‘Quiero tu polla ahí’, susurré. Vaselina del neceser, entró lento, ardor delicioso. ‘¡Joder, qué prieta!’, rugió follándome el culo. Yo me tocaba el clítoris, viniéndome otra vez. Él explotó dentro, semen caliente llenándome. Exhaustos, cuerpos pegados, clim zumbando, olor a sexo denso. ‘Vuelo en dos horas’, dije, besándolo. Se vistió rápido, ‘Ha sido brutal, sin nombres’. Puerta cierra, yo duchar, coño palpitando, culo dolorido. En el aeropuerto, lo vi de lejos, embarcando. Sonrisa cómplice. Mi vuelo llamó. Salgo con el recuerdo quemando en mi maleta de mano, piel marcada, ganas de más escalas.