Estaba en escala en Frankfurt, agotada del vuelo de Madrid. Mi avión salía en cuatro horas, así que me tiré al hotel del aeropuerto. Olía a café quemado por todos lados, y las altavoces no paraban: ‘Vuelo LH-456 a Berlín, puerta 23’. Me pedí un gin-tonic en el bar, sola, pensando en lo mucho que necesitaba soltarme. Siempre he sido abierta, pero mi secreto… las mujeres. Nunca lo hice, pero joder, las deseo desde siempre. Viajar es perfecto: nadie sabe nada, y en unas horas, adiós.
La vi entrar. Rubia, petite, cara de niña buena pero ojos de puta. Alemana, claro, con esa piel blanca y labios carnosos. Se sentó al lado, pidió una cerveza. Nuestras miradas se cruzaron. Sonreí, nerviosa. ‘¿Esperando vuelo?’, le dije en inglés torpe. ‘Sí, a Hamburgo en tres horas. ¿Tú?’, contestó con acento sexy, voz suave. Charlamos. Ella, Elke, turista. Yo, ‘viajera de negocios’. El corazón me latía fuerte. Sus piernas rozaban las mías bajo la barra. ‘¿Quieres subir a mi habitación? Solo unas horas…’, murmuró, mano en mi muslo. Dudé un segundo. ‘Sí… joder, sí’. Pagamos y subimos, el ascensor pitando, clim frigida oliendo a desinfectante.
El Mirada en el Bar y la Decisión Rápida
La puerta se cerró y nos comimos los morros. Sus labios calientes, lengua metiéndose hondo, saboreando a cerveza y deseo. ‘Eres preciosa’, jadeó, quitándome la blusa. Sus tetas pequeñas pero firmes saltaron al quitarse el top. Chupé sus pezones rosados, duros como piedras. Gime: ‘Oh, sí… lame más’. La tiré en la cama, sábanas blancas y frías de hotel impersonal. Le bajé los pantalones, coño depilado, ya mojado brillando. ‘Nunca hice esto…’, confesé temblando. ‘Yo te enseño, ven’, rió suave.
Le abrí las piernas, olía a sexo puro, musky y dulce. Metí la lengua en su coño, plano contra el clítoris hinchado. ‘¡Joder, qué rico!’, gritó arqueándose. Lamí fuerte, chupando sus labios hinchados, introduje dos dedos curvados tocando su punto G. Se corrió rápido, chorro caliente en mi boca, cuerpo temblando. ‘Ahora tú’, mandó. Me desnudó, sus dedos en mi chocho empapado. ‘Estás chorreando, puta’. Dos dedos dentro, bombeando rápido, pulgar en mi clítoris. Gemí alto, las luces de las pistas parpadeando por la ventana. Me lamió el culo mientras me follaba con la mano, lengua caliente en mi ano. No aguanté: ‘¡Me corro! ¡Ahhh!’. Explosión, piernas flojas, coño palpitando.
Follada Urgente en la Habitación con Vista al Pista
No paramos. Tribbing, coños frotándose, clítoris contra clítoris, sudorosas y jadeantes. ‘Fóllame más’, suplicaba. Le metí tres dedos, la hice squirtear otra vez. Yo cabalgué su cara, restregando mi coño en su boca hasta correrme de nuevo, ahogándola en jugos. Horas de urgencia: mordidas en tetas, dedos en culos, orgasmos brutales. El reloj marcaba dos horas menos. ‘Tenemos que parar…’, pero ella: ‘Una más’. Último polvo: 69, lenguas devorando coños hasta el agotamiento.
Amaneció gris, anuncios de vuelos retumbando. Su vuelo antes. Nos duchamos rápido, agua caliente lavando el olor a sexo. ‘Fue increíble’, besó mi cuello. ‘Vuelve pronto’. Bajé con ella al lobby, maletas en mano. Nos dimos un beso largo, salado de lágrimas mías. ‘Adiós, mi alemana’. Ella se fue a embarque, yo esperé la mía con el coño aún palpitando, braguita húmeda en la maleta. Ahora, cada escala, recuerdo su sabor. Secreto ardiente para siempre.