Estaba en el aeropuerto de Barajas, vuelo a Lisboa retrasado tres horas. Mierda, pensé, pero el anonimato de los viajes me pone cachonda. Me metí en el hotel de al lado, uno de esos cutres con habitaciones impersonales. Bajé al bar, olor a café quemado y hamburguesas recalentadas. Anuncios de vuelos retumbando: ‘Vuelo IB-345 a las 23:45’. Me pedí un gin-tonic, servilleta húmeda en la mano.
Allí estaba él, sentado solo en la barra. Trapón, unos cincuenta, barba de tres días, camiseta ajustada marcando panza y pecho peludo. Mirada fija en mí cuando crucé las piernas. Nuestros ojos se engancharon. Sonreí, él levantó su cerveza. ‘¿Escale también?’, dijo con acento andaluz grueso. ‘Sí, jodido retraso’, respondí, voz ronca por el cansancio. Charlamos tonterías: maletas perdidas, azafatas borde. Pero el aire se cargaba. Su mano rozó mi rodilla ‘accidentalmente’. Sentí el calor subir. ‘¿Subimos? Mi vuelo sale en dos horas, el tuyo igual’, murmuré. Dudó un segundo, ojos brillantes. ‘Venga, guapa, sin compromisos’. Agarré su mano, subimos al ascensor. Corazón latiendo fuerte.
El Regalo Cruzado en el Bar del Hotel
La habitación era un horno con la clim petada, aire frío erizando la piel. Draps blancos crujientes, olor a desinfectante. Cerré la puerta, él me empotró contra la pared. ‘Joder, qué tetas’, gruñó, manos ásperas arrancándome la blusa. Beso salvaje, lengua invasora, sabor a cerveza y tabaco. Le bajé los pantalones: polla gorda, venosa, ya tiesa como piedra. ‘Mámamela, puta’, ordenó. Me arrodillé en la alfombra áspera, narices dilatadas oliendo su sudor varonil. Lamí el glande salado, chupé las bolas pesadas. Él gemía, ‘Así, cabrona, trágatela toda’. La tragué hasta la garganta, babeando, manos en su culo peludo masajeando el ano. Anuncios de vuelos de fondo: ‘Embarque vuelo a París’. Urgencia total.
El Polvo Brutal con Urgencia de Vuelo
Me tiró en la cama, sábanas frías contra mi piel caliente. Abrí las piernas, coño chorreando. ‘Fóllame ya, no tenemos tiempo’, supliqué. Entró de un empellón, polla abriéndome en canal. ‘¡Qué coño más apretado!’, rugió, follando como un animal. Cachetazos en el culo rojo, tetas rebotando. Me puse a cuatro patas, él me sodomizó sin piedad. ‘¿Te gusta por el culo, zorra?’, jadeó. ‘Sí, rómpeme, joder’, grité, dolor-placer quemando. Dos dedos en mi clítoris, orgasmos en ráfaga. Sudor goteando, clim zumbando. Cambió: me montó encima, polla nodriza hundiéndose. Le clavé uñas, mordí su hombro salado. ‘Me corro, puta’, avisó. Eyaculó dentro, leche caliente inundándome. Yo exploté gritando, coño contrayéndose.
Se retiró, polla chorreando. Limpieza rápida con toallitas del baño, olor a jabón barato. ‘Ha sido la hostia’, dijo riendo, vistiéndose. Yo, piernas temblando, blusa arrugada. ‘Vuelo en 40 minutos’, miré el móvil. Beso rápido, lengua última. ‘Suerte en tu viaje, guarra’. Bajó primero. Yo, en la puerta, viendo luces de aviones. Embarqué con su semen aún dentro, ropas oliendo a sexo. Recuerdo quemándome en el equipaje de mano. Mañana, vida normal. Pero esta noche… inolvidable.