Estaba en escale en Barajas, Madrid, puto jet lag matándome. Hora de la siesta, pero nada, volando de nuevo en unas horas. Me planto en el bar del hotel pegado al aeropuerto, ese olor a café quemado y croissants rancios flotando en el aire. La clim fría del sitio me pone la piel de gallina. Anuncios de vuelos por los altavoces: ‘Última llamada para Nueva York…’. Me pido un gin-tonic, fuerte, para soltarme.
Ahí lo veo. Alto, moreno, ojos que taladran. Está solo, con una cerveza, mirando el móvil. Nuestras miradas se cruzan, eh… ¿coqueteo? Sonrío, él levanta la copa. ‘¿Escale como yo?’, dice con acento francés, joder, sexy. ‘Sí, vuelo a las seis’, respondo, voz ronca por el cansancio. Charlamos, risas. Se llama Pierre, empresario, escale de una noche. ‘¿Quieres subir a mi habitación? Tengo tiempo antes de mi vuelo. Una colación rápida…’, dice guiñando. Colación… ¿merienda? Pero su mirada dice otra cosa. El morbo del viaje, el anonimato, nadie nos conoce. ‘Vale, vamos’, suelto sin pensarlo. Adrenalina pura, corazón latiendo como loco.
El cruce de miradas en el bar del aeropuerto
Subimos en el ascensor, silencio pesado, su mano roza la mía. Puerta cierra, clic. Habitación impersonal, drapos blancos crujientes, clim zumbando bajito. Ventana da a las pistas, luces de aviones parpadeando. Me empuja contra la pared, beso salvaje, lenguas enredadas, sabor a cerveza y menta. ‘Quítate la ropa’, gruñe. Me bajo los pantalones, tanga empapada ya. Él se desabrocha, saca una polla gorda, tiesa, venosa. ‘Mírala’, dice, y yo obedezco, babeando.
Me tira en la cama, drapos fríos contra mi piel caliente. Abre mis piernas, ehhh… ‘Qué coño tan jugoso’, murmura, mete dos dedos, chapoteo húmedo. Gimo, arqueo la espalda. ‘Fóllame ya’, suplico, urgencia porque el tiempo apremia. Se pone un condón, rápido, y embiste. Polla dura partiéndome en dos, entrada brutal, coño apretando. ‘¡Joder, qué prieta!’, jadea él, follándome como un animal. Cambio de posición, yo encima, rebotando, tetas saltando, sudor goteando. Él me agarra el culo, dedos en el ano, ‘¿Te gusta?’. ‘Sí, métemela toda’. Ritmo frenético, cama chirriando, anuncios de vuelos lejano recordándonos la prisa.
El polvo brutal antes del amanecer
Me pone a cuatro patas, espejo enfrente, veo mi cara de puta en celo. Entra por detrás, cachetazo en el culo, rojo al instante. ‘Voy a correrme’, aviso, clítoris hinchado frotando sábanas. Él acelera, ‘Aguanta, zorra’. Dedos en mi clítoris, círculos rápidos. Explosión, coño convulsionando, chorro caliente salpicando. Él gruñe, se corre dentro, polla palpitando. Colapso, jadeos entrecortados, olor a sexo impregnando la habitación.
Reloj marca las cuatro. ‘Tengo que irme’, digo incorporándome, piernas temblando. Él sonríe, ‘Ha sido brutal, sin nombres, sin mañana’. Beso rápido, recojo tanga húmeda, me visto. ‘Buen vuelo’, dice abriendo la puerta. Corro al lobby, announcements retumbando: ‘Vuelo a Barcelona, embarque inmediato’. En el avión, sentada, coño dolorido aún, sonrisa pícara. Ese polvo anónimo en mi equipaje de mano, quemándome por dentro. Joder, los viajes son lo mejor.